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Así en la vida como en el fútbol

Así en la vida como en el fútbol

por Chino Méndez

Algunos viven la vida como si fuera un partido de fútbol. Están los que van al frente y juegan con los defensores adelantados, los que enfrían el juego con pases cortos hacia los laterales, los que especulan con el resultado, los pragmáticos que se aferran a tácticas y estrategias férreas y lo hacen como si se tratara de una partida de ajedrez. Ciertamente la vida puede ser comparada con el fútbol, hay mil maneras de dar pelea, aunque en la vida los resultados se den mucho después de los 90 minutos. Tal vez, lo más importante es ser competitivo, no con un rival sino con uno mismo. A veces, con el partido resuelto cae un bombazo de afuera del área que se clava en el ángulo de tu arco, donde nadie llega. Otras veces casi perdido el encuentro, una genialidad te salva del bochorno. Pero eso no serviría de mucho, creo.
Hay personas que juegan con sus jugadores dispuestos de modo tal que el único objetivo es guardar el cero, y van por la vida sin cometer errores, tan sólo esperando que el de enfrente cometa alguno. Entonces ahí comienzan a tirar taquitos a un minuto del final. Tribuneros de papel crepé. Salen del campo saludando con besos al aire, para que los de afuera les sonrían. Contentos por el resultado, sin detenerse a pensar en cómo jugaron. Muchas veces los empates, significan la derrota de todos, no así la búsqueda de la igualdad. En la vida como en el fútbol lo más importante es el resultado, sí. La cuestión es no despojarse del material que te tocó y de los modos aplicados para llegar a un objetivo. Y es ahí donde radica la diferencia entre ser un pecho frío, un payaso o ser digno. Buscar el resultado con tus armas y no copiar diagnósticos ni conclusiones que indefectiblemente te lleven a meterte en “orsai”. Es decir, si dirigís a Yupanqui no te pienses como un discípulo de Guardiola. Tenés que jugar con tus muchachos o muchachas que vienen de las obras o las casas de familia y debés saber de antemano que muy probablemente, a veces, el entusiasmo no alcance. Ser un vencedor, o aparentarlo, no te convierte en el mejor. No le vendas humo a la gilada. Para ser Guardiola, primero te tenés que bancar ser del ascenso y después aprender a perder en Primera, sin dejar de buscar el gol.
No ensucies el cotejo. No intelectualices el vestuario, para luego, ser mezquino y no transpirar la camiseta adentro de la cancha. No esperes el error del otro para justificar el score. Hacete cargo de cómo querés jugar. No le llores al árbitro ni le reces al VAR. Tampoco te tirés al suelo para ganar segundos. Mucho menos tirés la pelota afuera cuando aún queda tiempo para jugar. “Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar. Y por si fuera poco, de golero. Toda una vida tapando agujeros. Y, si en una de esas, salís bueno se tiran al suelo y te cobran penal”.

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