Soy mano

Una calle

Una calle

Por Graciela Labale

 

“Yo conozco una calle
que hay en cualquier ciudad,
de vecinos con sillas en la vereda,
de escobas que siempre van y vienen,
como los secretos,
de parejas furtivas
pegadas al muro de la casa abandonada,
de panfletarios ideales pintados en la pared, 
del “ómnibus” 90
que llega deshabitado
al final del recorrido,
de pibas y pibes que cantan sus protestas en la vereda,
del buzón estallado de rojo carmín,
de jardines amalvonados con primorosos cuidados,
del almacén de don Lito, 
de la fiambrería Lago di Como con sus barriles repletos de aceitunas
y de los naipes del bar “El hornero”,
gastados de tanto mano a mano, 
como su teléfono público, el único del barrio.
Yo conozco una calle
que hay en cualquier ciudad
pero ésta
es la mía.
La de casas sencillas.
La de ciertos destinos resignados.
Hay que rebelarse y salir
pensé un día.
El mundo está más allá de mi calle…
Y me fui.
Sin mirar atrás, me fui.”*

Y sí, es mi barrio de infancia, Villa Devoto, pero no el elegantísimo cercano a la estación de trenes, sino el que está del otro lado de la Avenida San Martín, el que dejé un día pero que conservo tal cual en mi memoria. 
Con sus nombres queridos, sus personajes, sus veredas y esquinas: Angelita y su escoba matutina, Silvia y Lorenzo, mi familia del corazón, en sus sillas que invitaban a la charla con quien quisiera sumarse en cada noche de verano, Doña Emilia y los Carbonelli, mi tío Jorge y su familia y por supuesto, la maestra del barrio, Flora, mi vieja.
Si quisiera quedarme con una foto, una sola de aquel tiempo y aquel lugar, me quedo con la de aquellos jóvenes que éramos, los que hacíamos ronda en la vereda cantando canciones con la guitarra de Cacho: Adriana, Norma G., Gracielita Llabrés, Héctor, Fernando, Albertito (los pibes del Reconquista). De los bailes en San Jorge con Luisito y Roberto. Y tantos que quizá porque tenían un par de años más o que ennoviados, ya estaban en otra, pero estaban: Norma V., Nelly, Lidia, Juan Carlos, José Luis, Chiche que nos enseñó a bailar el rock a todos… Y los más chicos como Jorgito o Carlitos.
Me gusta volver al barrio, como diría Troilo “Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio, cuándo, pero cuándo, si siempre estoy llegando” . Y vuelvo, cada tanto, vuelvo, mi amado tío Jorge, el tanguero, sigue lustrando sus veredas.
Cuántos recuerdos… Cúanta nostalgia necesaria!
*de mi autoría

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