Soy mano

El alto precio

POR VÍCTOR KOPRIVSEK

El alto precio

La historia sabe de eso y conoce a quienes tuvieron que pagarlo. Algunos y algunas salieron victoriosos y fue justo. Otros cayeron. Lo cierto es que nada invalidó su causa. Muy por el contrario. 
Por eso les digo a quienes tuvieron que pagar el alto precio por una causa noble, que guarden su corazón, que lo protejan por sobre todas las cosas. Especialmente de aquello que los griegos llamaron Pikria (punzada), y que los hebreos le agregaron la idea de “amargura”. Una punzada de amargura. 
El alto precio pretende ocasionar una raíz amarga difícil de quitar que envenena y se instala, justamente, en el corazón.
Lo contrario es aferrarse a la vida, la familia, los amigos, las vocaciones, la Fe, las lealtades profundas. Porque el tiempo pone las cosas en su lugar. Perdonar rápido y seguir. No olvidar sino seguir. 
“Este día es único”, me dice doña Irma Mengoni. Tiene casi 90 años y es mi vecina de toda la vida, una abuela para mí.  
Hay que escuchar a los mayores y con la frente en alto recorrer el barrio en la dignidad de una sonrisa.
También quería aprovechar este Soy mano, para invitarlos hoy de 18 a 21 a que se acerquen a Integrarte Pilar (Estanislao López 344, 1er piso), donde se dará un hecho particular con entrada libre y gratuita.
Pilar Lucero es una niña artista y autodidacta. Es muy amada por su familia y tiene la condición del espectro autista. Es vecina de la zona y por primera vez se expondrán sus obras en una muestra.  
“El arte ha sido desde siempre el camino elegido para darnos a conocer su manera de percibir el mundo. El mundo que a través de sus obras se colma de magia y de color”, me dijeron su mamá María y su papá Horacio, ambos docentes, ambos luchadores.
¿Qué es la vida sino lo que perdura después de las tormentas, lo que queda temblando como gota de rocío después del temporal?
¡Cuántos hay en la vereda de los diferentes, los lastimados, los exiliados, los que no encajan! ¿Quiénes tienen que pagar el alto precio? En la Zona de promesas, Gustavo Ceratti dejó un mensaje para después: “Mama sabe bien, perdí una batalla. Quiero regresar solo a besarla. No está mal sumergirme otra vez ni temer que el río sangre y calme. Sé bucear el silencio. Tarda en llegar y al final, al final hay recompensa.” 

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