Apoyado en la columna

La maldad de los objetos inanimados

Por Redacción Pilar a Diario 2 de septiembre de 2018 - 00:00

Un objeto inanimado (desde ahora en el texto OI) es aquel que no posee ánima ni vida propia. Están allí esperando que les demos utilidad, esperar es una forma de decir, ya que no toman decisiones, simplemente están ahí. En caso que quisiese realizar una lista de OI resultaría infinita, trataré de concentrarme en algunos de ellos.
Debo referirme, en primera instancia, a un OI muy particular, que se maneja sin sentido, a su entera voluntad y provoca en muchas personas alegría y desazón. Un OI estrella al que no le interesa las consecuencias de su accionar. Que cuando salta, también hace saltar las estanterías. El Dólar! Eso sí, maneja una maldad atractiva, hay que reconocerlo.
Si bien parecen inocuas e inocentes, las tostadas desarrollan un entrenamiento casi olímpico del mal, ya que todas cuando caen al piso lo hacen del lado del queso y la mermelada, especialmente se comportan así cuando uno necesita desayunar rápido y hacen todo su esfuerzo para retrasar nuestra partida.
Llamativamente han pasado por mi vida, dando una cifra aproximada pero no lejana a la realidad, unos setecientos mil encendedores, chicos, grandes, celestes, rojos, blancos, con piedra, sin piedra, a gas, a bencina. Ninguno de ellos ha durado a mí alrededor. Creo que el encendedor es un objeto de raíz abandónica, con problemas para formalizar relaciones, siempre aparecen en bolsillos de otros, siempre se marchan. La semana pasada me desperté a medianoche y dos de ellos escapaban juntos de mi casa. A veces encienden con total facilidad y otras, de repente, dejan de encender, pero a los dos días vuelven a entregar su fuego interior como si nada.
Un caso similar al anterior son las lapiceras, se trate de bolígrafos, con pluma, distinguidas o de kiosco. Nos pasa a todos que en el  momento más importante, por ejemplo cuando te van a dar el número de operación con el queda registrado tu pago, en ese preciso instante la lapicera, siempre pero siempre, deja de funcionar. Eligen ese tipo de momentos. Durante mucho tiempo logro tener varias de ellas apiñadas en un frasco vacío, pero cuando necesito alguna ya no están. Otro OI que se te va con cualquiera. Nos son de aquí, ni son de allá.
En la cocina convivimos con: microondas que calientan la comida a temperaturas satánicas; heladeras que, si bien cumplen su función, cuando uno se va a dormir ejecuta ruidos muy molestos y extraños; hornallas que prenden por la mitad y por la otra mitad tiran un aire sin olor a gas; cucharitas que nunca están en el cajón; envases que se quedan a vivir eternamente; repasadores que, aún recién lavados expelen un olor apestoso; abrelatas que no poseen la capacidad que su nombre indica; etc. etc. etc. Estamos rodeados, están por todos lados y hacen lo que quieren!
No intentemos comprenderlos, aceptemos sus comportamientos y quizás, de ese modo, logremos que la próxima vez arranque el auto. 
 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar