Soy Mano: Cuando el dolor ajeno duele en carne propia

Por Redacción Pilar a Diario 18 de agosto de 2018 - 00:00


Por Graciela Labale

Si sos capaz de mirar a los ojos y comprender el dolor ajeno.
Si sos capaz de salir de lo que ahora dicen “zona de confort” y ver aunque sea un poco lo que te rodea.
Si sos capaz de conmoverte cuando un niño con ojos tristes te espera y te pregunta ¿trajiste la merienda?
Si sos capaz de sufrir cuando una mujer muere por un aborto provocado, en la cama de un hospital con la indiferencia de tantos salvadores de la vida.
Si sos capaz de acompañar a una mujer invisibilizada, aunque sea a una, en su lucha contra la violencia.
Si sos capaz de abrir las puertas de tu casa y tu corazón ante tanta tristeza inmediata.
Si sos capaz de intentar comprender al otro aunque piense distinto.
Si sos capaz de pensar y hacer algo por esa niñez que mañana, sin ir más lejos, no va a tener un solo regalo por el Día de la Infancia.
Si sos capaz de entender a ese amigo que está atravesando una enfermedad o una situación difícil cualquiera sea y estás a la espera con la calidez de tu abrazo.
Si sos capaz de escuchar antes que largar una prédica inconsistente.
Si sos capaz de hacerle sentir al de al lado que no está tan solo y que la desesperanza no sirve para nada.
Si sos capaz de alegrarte cuando al otro le va mejor, cuando el otro sana, cuando el otro es feliz.
Entonces no dejes de leer lo que sigue, lo escribió mi querido amigo del alma, el Chino Méndez. Con amigos como éste no hace falta más nada…
“Si sentís que Jesús no se baja de la cruz para llevar el peso de tu madera y con el lomo doblado vas.
Y las rodillas se chocan exhaustas.
Y los látigos llegan a lastimarte el alma.
Y el miedo de la incertidumbre hace que sólo anheles el final de todo, porque con cada pulsación se agrieta más el corazón…
Cuando te sientas morir y aún más cuando desees la muerte que te tienta con la redención…
Cuando sientas eso, te pido que dejes caer el peso de tu espalda y procures usar su madera para incendiar cada rincón de tu espíritu.
Porque para mantenerte erguido estaremos un puñado de Cristos que creemos en vos y pondremos entre tus hombros los nuestros, llenos de ausencias y de dolores y pesadumbres que han de convertirse en amor y necesidad de vos.
Y pondremos la cara si te escupen, y el cuerpo si te pegan…
Porque estamos hechos para vivir a pesar de tantas cruces y golpes, estamos hechos para vivir más allá de la penumbra. 
Estamos hechos para vivir sedientos de sol. 
Estamos hechos de amor y con una oración de fe te llevaremos en andas hacia donde la madera encendida cicatrice el dolor.”

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