Soy mano

La partida

Por Víctor Koprivsek

La partida

Con el dólar a 30 pesos, la poesía se volvió una tormenta atroz. Con la inflación desguazando todo, el horizonte es de niebla para el de atrás.
¿A quién le importa?
En el espejo de nuestra sociedad el odio se refleja con más fuerza, viene ganando mientras todo se desploma y algunos pocos hacen el negocio de su vida.
Para el resto, el miedo puede más que esta verdad.
Pero tus ojos miran y tus pasos siguen. No te das por vencido en buscar el pan para llevar a la mesa de tu familia.
¿Dónde podremos encontrar ese lugar que se vuelva común? Esa mesa que nos incluya a todos. No para la rosca estéril sino para volver a defender el valor de lo comunitario, el sentido profundo de comunidad, amenazado.
En la mirada de los mayores, en la sonrisa de los peques, cada día cuesta más la vida. Hoy las ambiciones desaforadas se llevan todo. Como una plaga que arrasa la cosecha, están estrujando a la Patria.
No hay trabajo y están echando todos los días a un sostén de familia. Todos los días cientos de personas son echadas por su ideología, ya ni cuenta si hacen bien o mal su trabajo. Y hasta hay quienes festejan, como lo de Télam.
Y cuando esta mierda pase ¿recordaremos el dolor?
Poesía atroz, tormenta de oscuridad. Oh Señor amado, Dios mío, líbrame del odio y la venganza, que mi corazón sea siempre ese barrio donde aún nos saludamos los unos y los otros, esa esquina hecha de piberío y de guitarra. Y cuida a mis hijos, Padre.
Con las manos y los pies en el barro, con el clamor de quien no puede pagar la luz y tampoco putear a Macri, porque lo votó pero, sobre todo, con la esperanza puesta en la batalla cultural, les comparto una letra escrita por “La Bestia” Melendez, que toca la guitarra en los Humildes Tártaros:
“Sigue derecho bien reprimido, sigue los pasos el que está atrás. Todos peinados, un gran rebaño. Van de la mano sin preguntar. Haber crecido, mal aprendido, lo estipulado, lo racional. Se queda quieto el que está herido, cerrar los ojos y cicatrizar. No importa lo vivido. El destino quiere jugar la partida cada día y hay que apostar. Tomar distancia es precavido. Si uno cae, todos caerán. Vivir medido es aburrido, rompe la fila el que no sabe el final.”
 

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