Si la esquina te nombra y al ver a través de tu ventana es el niño aquel que fuiste quien acude al llamado, si aún eres capaz de estremecerte ante las injusticias que acontecen mientras el cielo estalla ante tus ojos y el abrazo del sol entibia tu pecho para seguir sin bajar los brazos; déjame decirte a vos y solo a vos, que una legión de invisibles recorre las ciudades con los brazos fuertes y la mente clara; una legión hecha de mujeres y hombres que no claudican ni los sueños ni las convicciones porque saben que el tiempo de la tierra no se tuerce ni se quiebra y después de la tormenta y los golpes seguirán de pie, de cara al mañana y con la mirada puesta en el otro que es par.
Este es el año de la mentira.
Este es el año de la infamia.
Por eso más que nunca, hecho de adobe, el mundo necesita más poesía. Por eso más que nunca, hecho de angustias, el mundo necesita más poesía.
Vos, que estás con el corazón afligido en tu rincón de barrio, observando en silencio como arrasan desde los televisores las certezas, como escupen desde las pantallas los anhelos; y ves como no alcanzan los esfuerzos de tantos molidos por los precios de los supermercados y agrietados por los miedos y las preocupaciones, vos que sentís en el aire el peso de la estructura vigilante y acentuada; déjame decirte que no estás solo o sola, que de ninguna manera podrás estarlo porque una legión invisible te busca para tender su mano firme, para mirar de frente tu destello.
Los árboles están quietos. El silencio enfermo no habla de los muertos que deja adentro de cada uno este tiempo de mentira y de infamia. Pero la legión de invisibles los sepulta entonando cánticos de guerra y alabanza, sus manos abren surcos mientras crece la memoria.
Hay quienes creen que ganarán y que el pueblo es cobarde, que con plata pueden vencer, ajustando hasta la desesperación a quienes trabajan día a día para poner el pan en la mesa. Creen que la confusión multiplicará el odio y que será suficiente para perpetuar su ignominia y reestablecer el orden de privilegios que nunca debió cambiar. Pero la indiferencia nunca dio buenos frutos. Nunca hombres y mujeres sin sueños ni fe ni esperanza lograron hacer de su tiempo una bendición.
A vos te digo, que la ambición desmedida nunca alcanza a saciar su hambre de poder. Nunca. En cambio la poesía, con el corazón en la mano como pájaro, hecha de raíces y de alas, la poesía que es canción, que es temblor y caricia, en cambio la poesía…




