Dicen que inventó Macondo, pero no es así, simplemente describió Aracataca, pequeño pueblo que lo vio nacer. Gabito -tan guajiro como su apodo- le puso alas de mariposa a la literatura, despechos de amor y vallenatos y con su mágico realismo lo echó a volar y con él nos fuimos a tomar un café y un canelazo con el Coronel Aureliano Buendía que no tenía quién le escribiera, lloramos en los funerales de la Mama Grande y juntos tuvimos Cien Años de Soledad. Y si bien mucho se ha hablado y escrito sobre la obra literaria de Gabriel García Márquez, obra que le mereció ganar el Nobel de Literatura, quizás se le deba ver como el periodista que escribía novelas o el novelista que narraba historias reales. Solo 19 años tenía y era un mal estudiante de Derecho cuando publicó sus primeras notas editoriales. En la década del cuarenta ya escribía para el diario El Universal de Cartagena. “Fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso”, cuenta en “El mejor oficio del mundo”, un texto magistral de apenas 2.700 palabras que presentó en Los Ángeles en la 52ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa, hoy convertido en una especie de Evangelio en muchas carreras universitarias de periodismo. García Márques se interesa por detalles marginales, secundarios no desprovistos de una ficción arbitraria, humanizando la noticia. Lo original consiste en contar lo que le pasó a él, algo así como contar la historia de la historia, la noticia de la noticia, controversial frontera entre la realidad y la ficción, usual entre las grandes notas periodísticas de riqueza literaria. Luego vinieron los tiempos del triunfo de la Revolución Cubana, donde comienza a germinar una vieja idea de crear una agencia de noticias independiente del monopolio imperialista. Se crea la Agencia de Noticias Prensa Latina (PL) contando con el pleno aval de Fidel. Y ahí está Gabo, convocado por el argentino Jorge Masetti, Rodolfo Walsh y García Lupo. Viaja a la isla y se ve envuelto en ese desorden creador que es una revolución, atmósfera febril que haría clic en su espíritu y lo vincularía para siempre a la Revolución Cubana trabando una fuerte amistad con Castro y el Che.
En 1994, junto con su hermano Jaime García Márquez y otros periodistas creó la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que tiene como objetivo ayudar a jóvenes periodistas a aprender y estimular nuevas formas de hacer periodismo. La sede principal está en Cartagena de Indias y García Márquez fue el presidente hasta su muerte. En su honor, la FNPI creó el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, que se otorga desde el año 2013 a lo mejor del periodismo iberoamericano. García Márquez describía a la lectura como una adicción laboral, reivindica la formación autodidacta, critica el concepto contemporáneo de ciencias de la comunicación, despotrica contra el uso del grabador, afirma que la creatividad y la práctica son las condiciones más importantes para un periodista y recuerda que la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor. También sostiene que la investigación no es una especialidad sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición y que la ética no es una condición ocasional sino que debe acompañar al periodismo como el zumbido al moscardón.




