Diciembre es Navidad. Y Navidad es un árbol lleno de frutos y hojas y raíces. Y un bosque, sí. Muchos árboles y mucho sol filtrándose entre las hojas. Navidad es una familia que vive en el fondo de los fondos. Y también es la mirada de un padre que vela por sus hijos.
Navidad es un nacimiento en un pesebre, en el establo, porque desde entonces se debate la humanidad un lugar en la posada. Y duda mientras una multitud de niñas y niños andan de puro moco sin amparo.
Navidad es la esperanza de la mesa servida para el reencuentro.
Hay mucho todavía por hacer. Mucho día que recién empieza. Mucha vida que precisa del conjunto, oídos para quienes necesitan ser escuchados, hombros para quienes necesitan llorar, manos tendidas para quienes están cayendo, para que no caigan.
Y que la palabra, que es Verbo, sea hecha. Perdón, sea dicha.
¿Cuántos caen? ¿Cuántos van quedando?
Pues que no queden en el camino. Pues quedemos todos tan cerca de quien sufre tal vez para volver a reír juntos. Acompañar. Tan solo al lado, por las dudas no sea cosa que la humanidad se pierda envuelta de tanto mercado y especulación, de tanta perversa obsesión por el dinero.
Montañas de dinero, de ceros en cuentas bancarias, de camiones blindados para que la plata viaje más custodiada que los jóvenes rumbo a las escuelas.
El gran titiritero que mueve los hilos tiene arriba otra gran titiritera que a su vez también tiene hilos en sus muñecas para que sus manos vayan y vengan ajustando iniquidades. Y todos tienen hilos en las comisuras de la boca cual riendas que se estiran para que la enorme mueca aparezca.
Sino porque correrían las estaciones de trenes al descampado y las dejarían sin techo en los andenes para que la lluvia castigue aún más a las trabajadoras y trabajadores de madrugada.
Un lugar en la posada. Muchos siguen sin un lugar en la posada, naciendo en el establo como aquel niño que partió la historia en dos.
Pero a mí me rebela su crucifixión. No me es grato contemplar el azote sobre su cuerpo ni las espinas en su sien. Mirar y callar mientras las crucifixiones siguen.



