Soy mano

A las piñas

Por Redacción Pilar a Diario 15 de julio de 2017 - 00:00

Por Víctor Hugo Koprivsek 

Palos y botas. Tiempo de furia inseminada. Hace rato que vengo escuchando sobre la paciencia. La instalan desde la tele y lo repiten desde el barrio. "Hay que tener paciencia”, dicen. Piden.
Sin embargo parece que la perdieron rápido con los trabajadores de Pepsico. Palos y botas y bronca. Por las dudas te puteo antes de que mandes tu comentario xenófobo, clasista, asquerosamente lleno de odio y miedo.
Porque hay que ser muy hijo de re mil para justificar que caguen a palos a un compatriota. Lamentablemente hay algunos y algunas.
La avanzada fue temprano. Yo también creo que no habría que comprar por un tiempo los productos de esa empresa.
Papas fritas Lays, Cheetos, Tropicana, Gatorade, 7up y claro Pepsi, entre otros. También avena Quaker y alguno de Toddy.
Al fin y al cabo lo único que les importa, está claro, es la guita. Bueno, sí pegan o mandar a pegar al pueblo, encima por policías cuyo sueldo pagamos todos, al menos no les compremos sus productos. Es lo mínimo.
Eso pasó el jueves, temprano. Pero cerca del mediodía la violencia se hizo carne en el mismísimo palacio municipal de Pilar.
Según el testimonio de Juan Pablo Roldán, concejal testigo de los hechos, le pegaron varias trompadas en la cara a Pampi Pérez, compañero de interbloque, en la oficina del secretario de Desarrollo Político de Nicolás Ducoté, Carlos Arena, quien además integra la lista de Cambiemos como precandidato a concejal para las próximas elecciones.
Arrancó la campaña con golpes dentro del palacio municipal, en medio de una sesión del HCD que incluía el testimonio de estudiantes de escuelas técnicas del distrito que presenciaron el alboroto y las corridas.
Parte de esos jóvenes lucharon contra la instalación de un matadero a orillas del arroyo Pinazo. Hicieron una cámara séptica ecológica en el Merendero Chicos Felices del barrio Sansouci. Pibes solidarios y comprometidos con su comunidad.
Vergüenza. Escándalo. Repudio.
Al pie del camino se arrima el tiempo en la distancia del barrio. Llegan trenes y parten sueños hacia los confines de la historia chica. Pero arriba, donde se agitan las contiendas y el poder juega su carta, hay nervios. Cuando se terminan los argumentos aparece el golpe.
Violencia, lo que se dice violencia. Si siguen así, la van a conocer.
Cuando el pueblo se desata es como un tsunami que se escucha.

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