Termina un año más, pasaron 17 desde el inicio del nuevo siglo, para muchos la lucha recién empieza. El mundo está patas para arriba y hay quienes bajaron los brazos.
Pero no, mejor no hablar de ciertas cosas.
Mejor hablar del calor sofocante, de las bestias incandescentes que emergen del asfalto como peces de fuego calcinante.
Y te atrapan en la cola del banco o te envuelven al mediodía como serpientes poderosas cuando volvés del supermercado con alguna bolsita demasiado cara para tan poco.
Prácticamente es imposible salir afuera de la casa, transitar las veredas, tomarse un tiempo aunque breve para chamuyar en la esquina.
Sin embargo, no todo es fuego en los albores del 2018, no todo es gas pimienta y motos con palos, también llegó el Hércules al Cenotafio de Pilar, para ser convertido en microcine.
Entonces, hay risas en los rostros adustos de los héroes.
Y recuerdos que vuelven en la mirada de Ariadna Meisner, hija del tripulante derquino que dejó la vida por la Patria en la gesta de Malvinas y que al ver semejante avión junto a la Ruta 28 en honor a los caídos, semejante gigante recién llegado y listo para ser convertido en un espacio cultural después de tanto tiempo y trámites, vaya si es una buena antes de caer el telón en este año que se va.
Otras instituciones también cerraron con celebraciones su camino. Clubes, merenderos, grupos de amigos y amigas.
La casa envuelve aromas de cocina. Los preparativos empiezan, las tareas minuciosas adelantan el encuentro, cada uno trae un poco, algo para compartir, alguna bebida, algo dulce.
Que el domingo se llene tu mesa de familia, que nada se interponga entre los abrazos y las almas. Nada.
Porque el reloj sigue desgranando su arena y en ti, en tu cuerpo, el tiempo va dejando su marca. Que sean arrugas de tanto reír pues. Pero que nadie, nadie quiera cagar a los jubilados sin que truene el escarmiento.



