OCTUBREANDO

Náufragos

Por Redacción Pilar a Diario 24 de octubre de 2017 - 00:00
de Horacio Pettinicchi

Éramos dos náufragos en un país oscuro y lento que se desmoronaba, impíos refutadores de doctrinas y creencias, peregrinos de una vida a contramano, caminábamos junto a los que a veces sonríen, los que a veces sueñan, los que a veces lloran, los que levantan su puño en alto y cuando es necesario, les crece un fusil en las manos.
Imaginábamos el mundo compartiendo el mundo, cofradía de hombres libres sin banderas ni fronteras, conversábamos por horas, compartiendo el rojo malbec y la buena yerba, hablábamos bajo acostumbrados al país de los susurros, nos hacíamos preguntas ariscadas, desmontando verdades para seguir preguntando, nos desnudábamos emocionalmente, había una necesidad de sabernos, conocernos, de volver a creer en el otro y en nosotros mismos. 
Veníamos del olvido y nos encontramos, veníamos del país de las sombras y teníamos sed y hambre de nosotros, hacíamos el amor, lo construíamos, despaciosamente lo inventábamos, en cada caricia, en cada gesto, en cada palabra lo creábamos, nos estábamos pariendo, naciendo sin dejar de ser lo que fuimos, lo que aún somos, los que creen en la primogénita utopía del hombre hermano del hombre.
En una lenta convalecencia nos fuimos curando de viejas heridas, cerrando pasados que aún sangraban, creando venires, fundando mañanas, acostumbrándonos a ser nosotros, olvidando el agrio y sombrío aroma de la soledad.
Ya no importa si alguna vez escupí vinagre, si anduve solo, casi vencido, ya no importa, porque en vos, compañera, he encontrado mi país, paisito mujer, donde sembrarme.
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