Soy mano

Feibu y Maiu

Por Víctor Hugo Koprivsek

Por Redacción Pilar a Diario 21 de enero de 2017 - 00:00
Qué tema el Facebook. Cotidiano, por trabajo o soledad, por necesidad de expresarse o denunciar, la cuestión es que se ha instalado de tal manera en nuestras vidas que cuesta, para quienes lo usan, desprenderse unos días.
Te define, te conecta, te distrae, te abre una ventana a la distancia de tantos amigos y amigas que con sus fotos compartidas, con sus risas y saludos, se acercan.
Algunos abren un feibu trucho, otros tienen varias cuentas, es un fenómeno social, una estampida.
¿Hay mucha chatarra? Sí claro, es parte de nosotros, la raza humana, la gran plaga que avanza carcomiendo y desechando.
¿Hay mucha mentira? Uff… 
Por eso es bueno cuando te cruzás con algo del corazón, porque lo genuino te roza y en medio de tanto que viene y va, de tanta información tóxica, eso que sale de los ojos con forma de ternura, de leve temblor, eso es bueno.
Y así fue que vi una foto de un padre y una hija con un texto debajo y entonces en este "Soy mano” de comienzo de año, pensando en muchas cosas, comparto "Nueve eneros” de Maiu Dellagiovanna, la niña que aparece en la foto hoy convertida en mujer que le escribe a ese padre suyo tan cerca entonces como ahora.
"No sería enero en un barrio como el mío si desde el jardín el sonido de una murga que ensaya no me trajera todos los eneros al corazón.
No sería enero si en los bombos que suenan calle abajo, no encontrara tu latido.
No sería enero sin los pies descalzos sobre el rocío, sin un perro sobre nuestros pies. Y no lo sería, si las estrellas no fueran los puntos que unen el mapa sobre el que todos nosotros nos desparramamos cada enero, ese inmenso mapa, que cabe en tu puño y nos mantiene juntos más allá de las distancias. 
No sería enero sin mesas llenas de amigos, sin charlas de madrugada, sin nuestros ojos en el río o en el mar. Herencia indeleble, que trae consuelo, que trae tu abrazo para siempre seguir.
Nueve eneros ya, eternos y fugaces, colmados de tu adiós. 
Sigo sentándome en el jardín a escuchar la murga, y te busco en todos los carnavales, en todo lo que huele a pueblo, en el brillo de la luna sobre el techo de mi casa, en el agua que custodia tu alma, te busco y sé que estás.” 
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