Las noticias circulan rápidamente por las redes sociales y la llegada a Pilar de la pre-clasificación para el Mundial de Tango, corrió como reguero de pólvora, particularmente entre las y los milongueros locales. Y fue a través de una de ellas que me enteré, mucho antes de leerlo en el diario y fue ella quien me transmitió su emoción. No dudé en escribirle y pedirle me cuente su experiencia con los "cortes y quebradas”. Así fue como Graciela Basconi empezó su relato: llegó al tango de casualidad, tomaba clases de otras danzas como modo de expresión, de distensión y para dar rienda suelta a su gusto por el baile, hasta que un buen día se quedó sin profesor. Tras la desilusión por perder el espacio, caminando por el pueblo, encontró un cartelito que decía "TANGO”. No dudó, entró y empezó a tomar clases. Se ocupó de escuchar la música, de distinguir ritmos y orquestas, de aprender pasos y coreografías hasta que sintió que, si bien, esto era muy importante, necesitaba animarse e ir a una milonga. Y fue. Fue a esas milongas de mesas grandes con muchas mujeres y pocos hombres pero en las que todas tienen la posibilidad de bailar unos cuántos tanguitos. Ése es el código entre los milongueros. Porque como ella destaca, ahí nadie pregunta nada, a nadie le importa el apellido del otro, ni su clase social, ni el aspecto físico, ni el color de piel, ni su ropa. Lo que importa es la pasión porque el tango es pasión me dice, y la remata orgullosa "¿Sabés? Yo no soy bailarina, soy milonguera”. En esta frase resume toda su historia con el 2x4, sin olvidarse de algunos nombres de otros que comparten su misma pasión: Juanchi, Rosita, Orlando, Vilma, Javier, Elvira, Arielito, Juan Carlos, Ángel y su compañero, el español Eugenio Vila Besada, quien, cuando vuelve a su tierra, maravilla a los suyos. Para Gra y para todos los apasionados que esperan el paso del Mundial por Pilar, va este texto de Mario Benedetti:

