Cuando ustedes estén leyendo esta columna estaremos transitando la celebración del Bicentenario de la Independencia. Mientras escribo, es viernes 8, suceden en mi cabeza distintas imágenes que tienen que ver con la fecha. Por ejemplo, que en un ratito nomás arrancamos con una nueva feria solidaria para colaborar con la Biblioteca Palabras del Alma, espacio que siempre está al lado de los más postergados, ahora con nuevos desafíos: construir un aulita en un barrio muy olvidado del distrito, como lo es Nuestra Señora del Pilar; luchar por la apertura de escuelas en las aldeas guaraníes de la provincia de Misiones y seguir apostando por la igualdad en Peruzzotti. Y ahí surge el primer interrogante: ¿se es independiente cuando hay hambre, exclusión e imposibilidad de acceder a la educación?
Pienso también en aquel discurso de un 9 de julio en la Escuelita Abierta donde mi querido compañero José Luis Pinto, siempre tratando de que las fechas patrias no sean un cartón pintado por Billiken, reflexionaba junto a los alumnos y a sus familias que lo que se celebraba ese día era la "Declaración de la Independencia” y que esto era como el amor de pareja, uno se declara pero si después ese amor no se alimenta, muere. Y agregaba que la cuestión, entonces, pasaba por no quedarse solo en la declaración sino que la independencia debía ser un hecho cotidiano, sin olvidar que después de ese día de 1816 mucha sangre de valientes había corrido por esta tierra para poder sostener aquella declaración.
Recuerdo también una viñeta de Mafalda de fines de la década del 60 en la que decía "Una cosa es un país independiente y otra, un país in-the-pendiente. ¿Será por eso que esta celebración de los 200 años de la Independencia se percibe un tanto deslucida? Mientras me hago estas preguntas sin demasiadas respuestas en algunas escuelas se desarrollan actos que parecen destinados a niñas y niños del siglo XIX, con poco de significativo para los pibes del siglo XXI.
Hago míos algunos cuestionamientos que leí en las siempre interesantes agendas que me regala mi hija cada año: "¿qué otras independencias debemos lograr?, ¿cuál es la independencia pendiente?, ¿por qué la República Argentina no ha llegado a ser lo que soñaron las mentes más lúcidas de nuestra historia?, ¿cuál es el punto de partida para iniciar el camino que nos permita iniciar procesos emancipatorios? La emancipación es siempre un porvenir, es un gran desafío”. No cabe duda, entonces, hay que seguir andando para construir día a día la independencia que falta.
"Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza, pero no hay luchas y esperanzas solitarias.” (Pablo Neruda).