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Octubreando: Ser gay no es un pecado

por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
22 de marzo de 2016 - 00:00

“Aquí, donde el amor es el comienzo/de la tristeza, donde inútilmente /esperamos... Aquí donde se siente/a Dios inmenso, inmenso.../Aquí en la tierra de las criaturas /donde todo el dolor del universo/cabe en un verso, un solo verso,/frágil en las palabras inseguras./Aquí, donde un día tuvimos/la inocencia primera/de la imagen que fuimos./Aquí, donde el amor espera, espera, espera... /Donde apenas entiendo,/vine a vivir, estoy viviendo”. (“Aquí, donde el amor”).-

La homosexualidad de Oscar Hermes Villordo no fue un secreto a voces y su mérito, si cabe, fue hacer pública su orientación sexual, mucho antes que salir del armario se había puesto de moda en el mundo. Censurado, ninguneado por sus pares y la sociedad “bienpensante”, en 1976 fue obligado a marchar al exilio. Y si bien en “Nunca Más” se olvidaron del capítulo referente a la persecución de la dictadura para con la comunidad homosexual, el Negro Villordo se encargó de dejarnos “La otra mejilla”, novela donde narra con absoluta crudeza los crímenes de la policía contra la comunidad LGTTB.
 “Aquí, desde la cama blanca del hospital,/vería la ventana y los árboles... tal vez/un pájaro cantase... porque todo está igual:/sus zapatos, su libro para leer después,/y hay pájaros que cantan... Tal vez la muerte/iría diciéndole palabras, y era el contorno lucio/de las nubes en él, ¡no esta penumbra fría /con su friso deshecho de nubes de humo sucio!/Dentro del colectivo tiemblan las ventanillas./La vida es esto, dicen: buenos y malos ratos./Oigo en silencio y miro, sobre mis dos rodillas,/el paquete en que van tu libro y tus zapatos”. (“Historia”)
En los últimos años, la inclusión de personajes gays se ha puesto de moda en la mayoría de las expresiones culturales (cine, teatro, literatura, etc.). Incluyendo la conducción de programas televisivos; parece ser que la economía de mercado los considera una fructífera franja de consumidores a conquistar. Aún así sigue existiendo una barrera entre el mundo heterosexual y los minoritarios grupos LGBT. Hoy por hoy, la palabra gay nos es sumamente familiar, pero en aquellos años “no se decía gay, ni siquiera homosexual, sino puto” apuntaba Villordo en uno de sus últimos ensayos.
Nacido en la provincia del Chaco, se desempeñó como crítico literario para distintos diarios del ámbito nacional. Premiado en distintas oportunidades por su producción literaria, entre las que se destacan “La brasa en la mano”, “La otra mejilla” y “El ahijado”, trilogía con una visión absolutamente homoerótica sobre vida y costumbres de los varones homosexuales porteños en los años cincuenta al ochenta.
Oscar Hermes Villordo falleció de sida en el Hospital Británico de Buenos Aires, el primer día de 1994. 
 
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