Pasó el miércoles de ceniza pero los sonidos del carnaval siguen oyéndose por el barrio. La marcha de las murgas con sus movimientos, los tambores batiendo, los trajes brillantes, son algunas de las expresiones artísticas y populares que desde hace añares expresan la liberación de los oprimidos. Por todo esto, no es casualidad que durante la dictadura cívico-militar-eclesiástica, los carnavales fueran quitados del almanaque como queriendo borrar tanta historia y acallar al pueblo, sacándolo de las calles. Desde hace unos pocos años, recuperado el feriado, volvieron los corsos aunque las murgas jamás dejaron de latir en las barriadas orilleras.
Soy Mano: “Bajen las armas, aquí solo hay chicos bailando”
por Graciela Labale
Pero una señal de alarma se prendió el 29 de enero pasado, cuando en una villa del Bajo Flores, la murga “Los auténticos reyes del ritmo”, formada por unos 100 vecinos, la mayoría niñas y niños, sufriera una brutal represión por parte de la Gendarmería. Mientras ensayaban, muchos fueron alcanzados por disparos de balas de goma sólo por bailar. Un horror que hace presagiar momentos dolorosos que ya vivimos. Ante esto, como siempre, son las bellas palabras, las que traen sosiego al alma, un alma que como la mía se estrujó el jueves, en una Plaza de Mayo enrejada, dividida y rodeada de tanta policía como hacía mucho no veía, a la hora en que las Madres daban su eterna ronda. Lo que sigue es un texto escrito aquel día de enero por la escritora Liliana Bodoc. “
“Los Auténticos Reyes de la Historia”
Me voy de carnaval/ A murguear, a construir la fiesta. ¿Va a venir a escucharme?/ Yo soy de los que cantan. “Vamos rojo al ritmo de la murga”/ Me contaron que esto de la murga es viejo como usted./ ¡No se me enoje! Eso me hace feliz porque me da un pasado./ No un día sino muchos/ Un pasado, ¿me entiende?/
Un barrio como un mundo./ “Todos los domingos siempre voy a estar/Recordando siempre al que ya no está”/ Me voy de carnaval, de redoblantes./ Burla para el infierno./ Me voy de mascarada a celebrar que somos los que fuimos.
Después pase un ratito y me saluda./ “Vamos rojo al ritmo de la murga”/ Y de repente se rompió la risa./ Se deshizo la gracia. /¿Qué pasa?/ ¿Por qué duelen los cantos?/ ¿Quién golpea?/ ¿Quién corre? Mi máscara chorrea por la frente. / ¿Por qué, si estoy bailando?/Mañana, cuando ya no tenga miedo/ Voy a pensar despacio./ Mañana voy a entenderlo todo/ Y que ¡Oh, dale oh! No hay paliza más grande que una fiesta del pueblo./ ¡Dale, oh! ¡Dale, oh!/ Ellos van a pasar
Y la murga va a seguir calle arriba/ Dale oh, dale oh