"Es imposible decir en cuántas velocidades diferentes se mueve una ciudad a cada instante (sin hablar de los muertos que vuelan hacia atrás) o incluso una casa donde la velocidad de la cocina no es igual a la de la sala (aparentemente inmóvil en sus jarrones y bibelots de porcelana) ni a la de la huerta abierta a los vientos de la época ¿Y qué decir de las calles de tránsito intenso y de la circulación del dinero y de las mercaderías desigual según el barrio y la clase, y de la rotación del capital más lenta en las verduras más rápida en el sector industrial, y de la rotación del sueño bajo la piel, de un sueño en el pelo? ¿Y las tantas situaciones del agua en las vasijas (lista para huir). La rotación de la mano que busca entre los pendejos el sueño mojado los muchos labios del cuerpo que a la caricia se abre en rosa, la mano que allí se detiene a ensuciarse de olores de mujer, y la rotación de los olores otros que en la quinta se fabrican junto a la resina de los árboles y el canto de los pájaros?... La ciudad está en el hombre pero no de la misma manera en que un pájaro está en un árbol, no de la misma manera en que un pájaro (la imagen de él) está/ba en el agua y tampoco de la misma manera que el susto del pájaro está en el pájaro que yo escribo. La ciudad está en el hombre casi como el árbol vuela en el pájaro que lo deja cada cosa está en otra a su manera y de manera distinta de cómo está en sí misma la ciudad. No está en el hombre del mismo modo que en sus almacenes plazas y calles”. (Fragmento de "Poema Sucio”).


