Otra vez una mujer es protagonista de esta columna. Me gusta hablar de la vida de las mujeres, especialmente de las sencillas, las tan comunes como una misma, que con sus historias circulan por la vida, por nuestro pueblo, haciéndolo un poquito más bello, más esperanzador. Esta vez voy a hablar de Marcia Cecilia Alejandra Galván, nacida en Santiago del Estero hace 44 años pero que hace muchos menos lleva ese nombre. Llegada a Pilar 26 años atrás, con un secundario incompleto, alcanzó hasta 3º Comercial, tuvo su primer trabajo en una feria americana del centro y, de ahí en más, empezó a integrarse a esta comunidad en distintos espacios. El devenir económico al que nos tiene acostumbrados nuestro amado país hizo que con la crisis de 2000 debiera incorporarse al Plan Argentina Trabaja, desempeñándose con dignidad y laburo en distintas funciones y dependencias municipales, pasó por Higiene Urbana, Acción Social, Dirección de Niñez y capacitándose continuamente como Promotora de Salud, Herrería y Construcciones, Operadora Social en Violencia de Género, Niñez y Adolescencia y Enfermería, que no pudo continuar por no soportar el dolor humano en las horas finales.
Esta mujer, con todas las letras, tuvo una lucha paralela. Ya siendo muy pequeña, sintió que había nacido en un cuerpo equivocado, extraño, no entendía por qué sintiéndose niña no era igual físicamente a las otras nenas de su generación. Es que Marcia, según sus propias palabras, era "una niña transgénero”. Una persona que, como dicen las definiciones, "siente incomodidad por la discrepancia entre su identidad sexual y el sexo que le fue asignado al nacer”. Su familia nunca le dio la espalda, por el contrario siempre estuvo apoyándola en sus decisiones, en sus elecciones, "mi madre está muy orgullosa de mí”, confiesa. Desde hace 14 años vive en pareja con Alberto en el barrio Villa Luján, que la conoce, además, por sus permanentes tareas solidarias, siempre dispuesta a dar una mano a quien más lo necesite. La conocí hace unos pocos días en el Día Internacional de la No Violencia hacia la Mujer en el HCD ya que ahora se desempeña en la Dirección General de Diversidad Sexual y Género. Orgullosa de haber llegado a donde llegó, sigue teniendo deseos y sueños. El más importante, además de casarse con su compañero, adoptar algún niño o niña y seguir bailando como tanto le gusta, es poder contar con un refugio para chicas trans, travestis y toda persona que se sienta excluida por su elección
sexual, para que nadie deba caer en la prostitución y la droga para sobrevivir. Y la verdad es que, conociendo su lucha y retazos de su historia, no creo equivocarme si digo que lo logrará. ¡Gracias Marcia!