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Soy Mano: Cuba

por Víctor Koprivsek
30 de enero de 2016 - 00:00

Rodeada de un mar increíblemente transparente, Cuba es uno de los destinos más interesantes de la región. Su historia invita al debate, quienes fueron y quienes no visitaron la isla, todos tienen algo que decir. 

Pero Cuba es mucho más que olas y noticias en los diarios. Cuba es su gente. La grandeza de un pueblo lleno de sacrificio donde lo único que iguala su alegría es su dignidad. 
De brazos fuertes y músculos recios, de mirada pura y amplia sonrisa, manos solidarias y mentes cultas, mentes ilustradas, cabezas con verdaderos conocimientos sobre política exterior, economía, geografía, música e historia de las artes; cualquier cubano o cubana es capaz de emprender contigo un hermoso viaje por el mundo de las palabras y los conocimientos, capaces de dejar con la boca abierta a más de uno.
También la violencia en sus calles es un tema clave, por su ausencia. ¿Acaso hay un barrio donde las viejitas caminen por las veredas sonriendo? 
La Habana es infinita, con sus esquinas pobladas de murmullos, sus hogares con patios internos en medio de los edificios, compartidos por todos. 
En Cuba todo se reinventa y se recicla, un periplo constante de armar y desarmar, un circular de voces que se superponen en las calles y las veredas. Balcones, moldes, arquitectura de otro siglo junto al malecón de sal, con sus choques de espuma y sus caminatas hechas también de silencios.
Trinidad levanta sus 504 años entre callecitas de adoquines y bicicletas taxis, un mojito al costado del camino en la escalinata de música, al pie del escenario hecho de rumbas y extranjeros.
Ciertamente que esa raza salió beneficiada en su estatura. Mujeres hechas de carmín y hombres gigantes, con mentes de niños por sus simplezas. Los unos y las otras ríen mientras caminan y se llenas pájaros las mañanas, de autos viejos, lustrosos, impecables en sus brillos.
Mientras en muchos países del primer mundo la mayoría de las cosas son desechables, hasta las personas, en Cuba todo parece cuidarse de un modo eterno. En Cuba nada se tira y a la fecha no hay contaminación que percuda semejante red.
Sin niños en la calle pidiendo, sin revólveres en las cabezas robando, todo se resuelve con la palabra. Al menos así sucede en el recorrido no turístico que se pierde entre casas de familia, ventanas con desayunos, livings con telenovelas para que la abuelita vea.
Un pueblo gigante en un punto tan chiquito del planeta.
 
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