Octubreando: Aunque vengan tirando a muerte

por Horacio Pettinicchi
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15 de septiembre de 2015 - 00:00

“A veces/ quizás cuando no encuentro palabras/para decidir mi sombra/o cuando la ausencia es más dulce/que mis propios recuerdos,/a veces te imagino de silencio/como aquella lejana amistad/entre los viejos y los pájaros/A lo mejor porque una vez/te llevaste un poema con tu nombre/o porque tu cuerpo le puso límites al día/o porque la lluvia te heredaba la sonrisa/O tal vez porque el tiempo es más evidente que el regreso/Por eso vos sabés/cuando viene la soledad tirando a muerte la mañana/como termina un sueño enamorado/donde el olvido es más difícil que el poeta/Porque vos sabés que la soledad aparece así de golpe/que en un momento te borra del espejo y te amontona en los rincones del fracaso/Porque vos tenés memoria y la entendés”( De mis palabras de Julio César).

Tenía 20 años y era estudiante, tenía 20 años, era poeta y creía en un mundo mejor. Cuando su madre Adelaida Carloni de Campopiano, (integrante de Madre de Plaza de Mayo en Tucumán) preguntó por él le dijeron. “No lo busquen más. Lo matamos”.
Julio César Campopiano, poeta, fue detenido frente al cementerio oeste de San Miguel de Tucumán cuando se dirigía a la jefatura a preguntar por el paradero de su hermano, secuestrado horas antes en su casa. Según testigos, Julio Cesar murió lentamente, agonizó durante días en el duro suelo del calabozo donde fue encerrado. Infectado de tétanos, fue dejado morir sin ningún tipo de atención médica. Julio César tenía 20 años y creía en un mundo mejor.
“Aprendí algunas cosas muy lejanas /de tanto amontonar grises en el fondo de un espejo/aprendí mil palabras casi sin mirarte/ a veces con sueños de poeta /a veces con exactitud de niño/ aprendí de tanto cansancio en los rincones /la soledad más dulce de tu ausencia de tu nombre/ aprendí la historia del silencio/ aprendí de unos ojos viejos cuando llegaba la tarde con su pregunta de siempre/ aprendí a cantarle a los hombres miserables/ a los más callados y a los más valientes/ aprendí a no darle más respuesta al olvido/ que de tanto en tanto memorizaba tu piel/ aprendí no hacerle demasiado caso al tiempo/ a pesar de sus anécdotas nunca coincidieron con las mías  /aprendí de cada día, acumulando dudas y recuerdos, desparramando sueños por todas partes/ a hacerle frente a la sombra de mi vida/ aunque venga tirando a muerte”. (Aprendizaje de Julio Cesar Campopiano). 
 
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