Por esas cosas del destino, la semana pasada, aterricé en el Lope de Vega invitada por mi yerno Martín Simeoni. Y digo por cosas del destino porque la difusión fue tan pero tan escasa que muy pocas personas se enteraron, salvo las que lo leyeron en este diario o pasaron por la puerta de la sala, o como yo, que tengo un pariente que labura allí.
Qué pena que se gaste tanto dinero en cartelería política tan abundante como efímera, ya que unos y otros viven tapando lo que pegó el anterior, y tan poco, digamos nada, en cartelería que anuncie una actividad teatral gratuita, tan interesante.
El Corredor Latinoamericano de Teatro, cuyo director es Mauro Molina, organiza encuentros con elencos de distintos países de la región en variados espacios del continente, y el viernes tuve la suerte, no creo en las casualidades, de toparme con la historia de “Mariela Navas”, un unipersonal de Claudia Tobo, autora, directora y actriz de la pieza, de la compañía hispano-colombiana “La máquina poética”.
Y ¿por qué digo esto? Porque la obra relata las vivencias de una mujer que resiste a todo en medio de una realidad tan cruel como es la que vive el pueblo colombiano desde hace unos 50 años, con tremendas violaciones a los derechos humanos y violencia de género. Los lectores y lectoras de esta columna saben que estas cuestiones son centrales en “Soy mano”. No hay casualidades.
Absolutamente resiliente, Mariela enfrenta la tristeza de haber perdido a muchos de sus seres queridos, incluidos algunos de sus hijos, abuso sexual reiterado por parte de grupos paramilitares y el desarraigo, ya que debe huir de su pueblito para instalarse en una barriada pobre de Bogotá, donde sobrevive vendiendo café o arepas caseras.
Todavía conmovida con el relato, converso con Claudia, su protagonista, quien me confiesa sus sentimientos para con Mariela y todo el sufriente pueblo de su país al que todavía le cuesta mucho reconocerse en su historia, ponerla sobre la mesa y luchar por la memoria.
A pesar de vivir en España desde hace 15 años, país al que llega a estudiar teatro, esta muchacha de 32 años habla de su necesidad de dar testimonio de lo que sucede en su país, de no olvidar: ¿y quién quieres que cuente la historia, la agencia EFE, el Grupo Prisa, Europa Press o historiadores pagos por ellos?… nooo, debemos ser nosotros, sus sobrevivientes”, dice.
Después de la gira por Argentina, llevará la obra a su patria, al Festival de Mujeres por la Paz, lo que le genera una enorme inquietud: es la primera vez que actúa allí con esta temática.
Sobre el final de la charla me dice que Claudia, afortunadamente, tiene muy poco de Mariela pero que lamentablemente conoce muchas mujeres muy queridas y cercanas que sí son Marielas y por ellas va a seguir contando y librando esta batalla contra el olvido.
Números fríos
El conflicto armado colombiano en cifras, en un país donde, según la escritora, ya no se sabe quién es el enemigo, si los paramilitares, el gobierno de turno, la guerrilla o los narcos. Estas cifras son relatadas con voz en off en la obra y son datos estadísticos de los primeros años del siglo 21. No hay registros actualizados, ni anteriores al año 1984.
• 6.000.000 de víctimas desde 1984.
• 130.000 amenazados.
• 90.000 desaparecidos.
• 21.000 secuestrados.
• 55.000 víctimas de algún tipo de acto terrorista.
• 95.000 homicidios.
• 140.000 personas afectadas por el asesinato de un ser querido.
• 10.500 víctimas de minas antipersonas.
• 6.500 casos de torturas.
• 7.000 casos de reclutamiento forzado de niños.