“A quienes lean nuestra Nueva Primera Inesperada. Solamente nosotros somos la imagen de nuestro Tiempo. El corno del tiempo resuena en nuestro arte verbal. El pasado es estrecho. La Academia y Pushkin menos comprensibles que jeroglíficos. Puskin, Dostoievski, Tolstoi, etcétera, etcétera, deben ser tirados por la borda del vapor del Tiempo Presente. Quien no olvida su primer amor no vivirá el último. ¿Quién será tan crédulo para entregarle su último amor a la perfumada lujuria de Balmont? ¿Acaso encontrará allí un reflejo del valeroso ánimo del día de hoy? ¿Quién será tan cobarde que no se atreverá a arrancar la coraza de papel del negro frac del guerrero Briùsov? ¿Encontrará allí acaso la aurora de una belleza desconocida? Lavaos la mano que ha tocado la porquería de los libros escritos por intocables Leónidas Andreyevs. Todos esos Máximos Gorkis, Kuprins, Blocks, Sologubs, Remizov, Averchenckos, Chornys, Kuzmins, Bunins, etcétera, etcétera; sólo necesitan quintas a la orilla de un río. Así recompensan el destino a los sastres. ¡De la altura de los rascacielos miramos su pequeñez!.. Exigimos que se respeten los siguientes derechos de los poetas: 1. Ampliar el volumen de su vocabulario con palabras arbitrarias y derivadas. 2. Rechazar el odio invencible al idioma que existía antes de ellos. 3. Arrancar con horror de sus orgullosas frentes la corona de gloria de a centavo tejida de varas de abedul propias de los baños. 4. Tenerse de pie en la roca de la palabra “nosotros” en medio del mar de silbidos y ultrajes. Y si bien por ahora persisten en nuestro verso las sucias huellas de su sentido “común” y “buen gusto”, ya también, por primera vez, brilla en ellos el Relámpago de la Nueva Belleza Futura de la Palabra Autosuficiente”.- (La bofetada al gusto del público).
Octubreando: Poesía y revolución
por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
Vladimir Maiakovski fue por excelencia portavoz y poeta de la Revolución Soviética. Las duras condiciones de vida de su pueblo (Georgia), la opresión del despótico régimen zarista y posiblemente la influencia de su hermana Alejandra, lo acercan al marxismo.
Plazas y espacios públicos fueron ocupados con su voz leyendo ante millares de obreros sus poemas revolucionarios en apoyo al bolchevismo, del que se fue alejando cuando el stalinismo se declaró opositor a la vanguardia futurista.
“No era feliz. Sólo en los primeros años de la Revolución vivió con furor y alegría, pero, incapaz de aceptar la decadencia, no sabía resignarse a la idea de que la juventud dura un instante, y que el futuro resulta a menudo mediocre”. Así nos decía su musa y amante luego de su suicidio en su amada Moscú, a poco de ser publicado un artículo del Pravda donde se lo acusaba infundadamente de “falso compromiso izquierdista”, o quizás, tal vez a igual que Pavese, porque supo la muerte del amor.