ver más

Diario de un poeta

20 de octubre de 2015 - 00:00

 


Por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com


“Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.” Fueron estas y otras muy pocas palabras las que dejó en su diario personal Cesare Pavese ese agosto de 1950, palabras y una que otra llamada- inútil todas- a sus amigos para que fueran a verlo, pensando tal vez que podrían disuadirlo de acabar con su vida en ese hotel de Turín.
“Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada”, supo contarnos alguna vez, quizás pensando en su tormentosa relación con Constance Dowling, actriz norteamericana (que inspiró uno de sus libros más famosos) hundiéndolo en una profunda depresión, en ese vacío existencial que lo signaba desde la adolescencia.
“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos /esa muerte que nos acompaña/desde el alba a la noche, insomne,/sorda, como un viejo remordimiento/o un absurdo defecto. Tus ojos/serán una palabra inútil,/un grito callado, un silencio./Así los ves cada mañana/cuando sola te inclinás/ante el espejo. Oh, cara esperanza,/aquel día sabremos, también,/que eres la vida y eres la nada./Para todos tiene la muerte una mirada. 
/Vendrá la muerte y tendrá tus ojos./Será como dejar un vicio, /como ver en el espejo/asomar un rostro muerto,/como escuchar un labio ya cerrado/Mudos, descenderemos al abismo” (“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”)
Cesare Pavese nace en el seno de una familia burguesa de origen campesino. Muerto su padre se trasladan a Turín, donde cursa sus estudios relacionándose con grupos antifascistas. Obtiene una Licenciatura en Letras con una tesis sobre Walt Whitman. Se desempeña como traductor para la editorial “Frassinelli”. Luego, como director de la revista “Cultura”, publica una serie de artículos antifascistas que lo llevan a la cárcel de Brancaleone Calabro. Ya en libertad, regresa a Turín donde publica “Trabajar cansa”, una serie de poemas de características sumamente innovadoras que despiertan la atención de la prensa y comienza a escribir “El oficio de vivir”, un diario íntimo que escribiría hasta su muerte.
Pavese fue un escritor comprometido con la realidad, un hombre en constante lucha con su soledad interna, que trató de vencer durante toda su vida.
Tenía nada más que 42 años; poco antes había recibido el prestigioso Premio Strega, y al igual que Vladímir Mayakovski -a quien él admiraba- decidió irse de esta vida, y casi, casi, con la misma frase de despedida.
“Perdono a todos y a todos pido perdón. ¿De acuerdo? No murmuren demasiados chismes”. 
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar