APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Escúchenlo, escúchenlo, escúchenlo…

domingo, 8 de septiembre de 2013 · 00:00

  

Por Hernán Deluca

 

Al principio me digo que si, que no estará tan mal, que serán un par de horas y nada más. Pero, termino renunciando. Hay una edad donde uno tiene que hacer lo que quiere. Nada de andar siguiendo a un rebaño surgido en la red social.

Por eso, cuando una excursión hacia el pasado es anunciada, me bajo y desaparezco.

Juntarse con los ex compañeritos del jardín de infantes es algo que no me va. Si ni siquiera paso por las calles del barrio para no desilusionarme con alguna novedad impensada. ¿Es necesario? No. Algunos recuerdos deben mantenerse frescos, en ese lugar de la memoria que se alimenta con el corazón.

(Dato incomprensible el que acabo de exponer, me hago cargo, porque, si hay alguien que se la pasa revisando manifestaciones de otros tiempos, soy yo. Discos, películas, libros, etc., pueblan mis días, dándole cuerpo a esa frase tan incierta que sólo digo hacia mis adentros: todo tiempo pasado fue mejor). Dudo y sigo.

Pero ahí andaba, como en los viejos tiempos, redescubriendo obras maestras en las disquerías del centro. Mirando más que comprando. Recordando sonidos. Feliz como un niño, sabiendo que en uno de los bolsillos de mi pantalón llevaba un pasaje con destino… al pasado.

Tal vez, sea una percepción equivocada, no lo sé, pero, desde hace un tiempo a esta parte, decir que te gustan los “Divididos” genera algo raro. Un leve y negativo gesto se dibuja en el rostro del interlocutor. Por el resurgimiento de nuevas bandas o por un sonido que no convence a los fans, vaya uno a saber. Pareciera que aquella pérdida de peso de Mollo sumada al casamiento con la Oreiro hizo que muchos les den la espalda a los creadores de “El 38”. “Macho, si cambiás rotosas zapatillas por caros borceguíes te estás alejando del reviente”. Así es gran parte del público de rock, cuanto más cerca del suelo está el ídolo más lo bancan. Ahora, si el artista elige otro camino hay que ignorarlo y buscar una nueva víctima.

En mi caso, la pausa para con la “aplanadora del rock” tuvo que ver con otras cuestiones. La época y los tiempos para sus recitales quedó atrás y mi radar musical anduvo apuntando para otros lados. Pero, siempre estuvieron ahí, liderando la D en el estante dedicado a lo Nacional.

Miércoles 28 de agosto, El Teatro de Flores. A mi lado, la responsable de este viaje, disfrutando de mi alegría. Abrazando al joven que hoy volvió a rockearla. Gracias.

Una breve zapada y el telón que se corre. Ahí están, Ricardo Mollo y Diego Arnedo, los centrales de mi seleccionado. Comienzo afinado y devastador que se prolonga hasta el segmento de las melodías calmas. Yo quería potencia, nada de spaghettis del rock.  “Tanto anteojo”, “La ñapi de mamá”, “Azulejo” o “Salir a comprar” renovaron mi energía. Estaba ahí, en esa habitación del año ´95, junto a mis amigos escuchando “Otroletravaladna” o viéndolos en Figueroa Alcorta y Pampa cantando con el Flaco Spinetta. Ah, el poder de la música.

Interrupción, el parche del tambor que se rompe (una bestia este pibe, Catriel… pero me quedo con Araujo) y la máquina que retoma la marcha. Clásicos de ayer que suenan distinto, versiones que dan cuenta de una búsqueda, de un sonido que sigue vivo. Como Hendrix o Dylan le dan vuelta a su propio catálogo para no aburrirse. Hasta las letras adquieren otro significado cuando estas canas son las que prestan atención.

Final antológico para cerrar un sublime recital de rock. Citas a “Zeppelin” y “Sumo”, mezclándose con canciones solicitadas por el público. Genuina alegría, arriba y abajo del escenario. Muchas ganas de tocar, muchas ganas de escuchar.

Ya lo dije, a esta edad uno debe hacer lo que quiere. Para “Divididos” siempre tendré tiempo. 

 

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