OCTUBREANDO: El viejo Charles

martes, 25 de septiembre de 2012 · 00:00

 

Por Horacio Pettinicchi octubreliterario@yahoo.com.ar

 

“El intelectual es un hombre que dice una cosa simple de un modo complicado, un artista es un hombre que dice una cosa complicada de un modo simple”

Hijo de un padre golpeador, Charles Bukowski enterró para siempre su infancia en el fondo de una botella, tenía apenas  trece años cuando escapó de su casa huyendo de ese padre.

“Si ocurre algo malo, bebes para olvidar, si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo, y si no pasa nada, bebes para que pase algo”.

Hace mil trabajos, infames muchos, y escribía, escribía en el mostrador de un bar o en la cama aún tibia donde había practicado el sexo como un deporte.

“¿Qué puede hacer un poeta sin dolor? Lo necesita tanto como a la máquina de escribir.”

Necesitaba de la bebida para escribir, necesitaba dejarse andar por prostíbulos, por las calles marginales.

“Me encuentro bien entre marginados porque soy un marginado. No me gustan las leyes, ni morales, ni religiones o reglas. No me gusta ser moldeado por la sociedad.”

Fue uno de los “malditos” de la literatura norteamericana. Poesía iconoclasta y marginal que nos conmueve, gime adentro nuestro.

 

Fuera de los brazos de un amor...

fuera de los brazos de un amor

y ya en los brazos de otra.

me he salvado de morir en la cruz

por una dama que fuma marihuana

escribe cantos y cuentos,

y es mucho más amable que la última,

mucho mucho más amable,

y su sexo es tan bueno o mejor.

no es placentero ser puesto en la cruz y dejado ahí,

más placentero es olvidar a un amor que no cumplió

como todo amor finalmente no perdura...

más placentero hacer el amor

en la playa en Del Mar

en la habitación 42 y después de todo

sentado en la cama

tomando buen vino, hablando y tocando fumando.

escuchando las olas...

he muerto muchas veces

creyendo y esperando, esperando

en una habitación

contemplando un cielorraso agujereado

esperando la llamada, una carta, un golpecito,

un sonido...volviéndome salvaje adentro

mientras ella bailaba con extraños en clubes nocturnos...

fuera de los brazos de un amor

y ya en los brazos de otra

no es placentero morir en la cruz,

más placentero es escuchar tu nombre susurrado

en la oscuridad.

 

 

 

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