Música para los ojos de la mano de un artista autodidacta

Nicolás Peral acaba de presentar “Música Viva”, una escultura que habla del trabajador de la música y que además fue llevada al formato audiovisual con stop motion.
 
domingo, 23 de septiembre de 2012 · 00:00

Cuando las oportunidades carecen, o es el mismo mundo laboral el que va cerrando las puertas, es posible encontrar en una de ellas no sólo una forma de vivir, sino también una faceta artística a enmascarar y que hasta entonces yacía inexplotable, también contribuyendo a la música desde la escultura.

En el momento en que el crítico cultural marxista Walter Benjamin escribió “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, despedazando la intromisión de la máquina en la producción artística, nunca imaginó que dentro de un taller de trabajo pilarense encontraría un exponente que bien podría ilustrar gran parte de su teoría crítica. Y en ese casillero bien puede ubicarse el nombre de Nicolás Peral, un escultor de 30 años que, motivado por el despido en una fábrica, y tras encontrar un modo de subsistir a partir del oficio de herrero, descubrió casi de casualidad, en el arte, un modo de expresarse ante un mundo enceguecido por el coste económico.

“Estar en un taller, tener herramientas y trabajar el hierro, por decantación se fue dando solo de combinar una cosa con la otra”, describe Peral su minucioso trabajo de la escultura.

 

Proletario artístico

El hombre acaba de terminar su obra “Música Viva”, una pieza formada por un peón de ajedrez que va produciendo (si se quiere, para estar a tono con su temática cultural y social) música a partir de una trompeta que una partitura ha comenzado a atrapar. Es esta pieza, de 1,40 metros de largo, unos 70 centímetros de ancho y 1,30 metros de alto, que forma parte de un grupo de obras bajo el mismo concepto y cuyo principal actor es la menospreciada pieza del tablero de ajedrez.

“Trabajadores del arte pero trabajadores al fin”, señala el artista. Es ese simbolismo el que intenta reflejar el hombre, quizás sin la intención de hacerlo, pero con una historia que lo marcó a piel. Es que el arte lo atrapó en el mismo trabajo, y es el esfuerzo uno de los combustibles que ha utilizado para sus creaciones.

El capital que él maneja, como bien diría el sociólogo francés Pierre Bourdieu, no es el beneficio económico ni la respuesta o la aceptación de quienes han podido ver a sus obras, sino el mismo momento de creación. “Cuando uno termina una obra, medio que se desprende y empieza a recorrer su camino, y lo que pasa después es gratificante pero no es la motivación”, argumenta Peral. “Disfruto el proceso creativo, que uno esté solo en el taller trabajándola y disfrutándola”, sigue.

 

El sonido de la inspiración

 

Como frase cabecera, Nicolás Peral ha robado parte de una canción de un amigo, que señala que “No me vengan a mí con la chota del arte conceptual, que la vocación se paga trabajando”. Nuevamente el trabajo y el esfuerzo como tema central de su obra, ese que lo formó desde la incertidumbre al disfrute y que lo empuja a compartir con El Diario que “Todo cuesta mucho esfuerzo, pero a eso lo mueve la pasión muy grande”. Y otra ocasión en la que la música, protagonista en su último trabajo, y una herramienta más en el proceso creativo: “La mayoría de las obras, por no decirte todas, nace de alguna estrofa, frase o palabra de alguna canción que me sirve de disparador”, ilustra a El Diario, insistiendo en reforzar su estilo: “Soy muy musical y se me hace imposible trabajar sin música”. Y saliéndose un instante del renglón, vio en la música y en el audiovisual, la posibilidad de presentar de una manera diferente algunas piezas y su más reciente obra Música Viva, donde utiliza la técnica de stop motion a partir de unas 2 mil fotografías editadas por él mismo, como antesala de la gran escultura. 

 

 

Dónde
Varias de las obras de Nicolás Peral son de gran tamaño, lo que dificulta su exposición, y se pueden ver en la página de Facebook “Pilar arte en hierro”.

 

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