Apuntes desde la otra vereda: El otro Stone

domingo, 23 de septiembre de 2012 · 00:00

 

Por Hernán Deluca

 

Lo he analizado en un anterior apunte: existen realizadores cuya filmografía es tan variada que podemos identificar pequeños mundos dentro de su obra. En apariencia, esos cuerpos fílmicos nos parecen opuestos, pero, basta con escarbar un poco para comprender que las inquietudes y las búsquedas del director en cuestión se repiten.

Ese es el caso del prolífico Oliver Stone, un autor que navega con comodidad por variadas temáticas. Desde los films antibélicos (“Pelotón”, “Nacido el 4 de julio”, “El cielo y la tierra”); pasando por las cintas donde se pone al desnudo la codicia y la corrupción en el mundo de la política (“JFK”, “Nixon”, “W.”), llegando a esas pesadillas donde una locura oculta funciona como el motor principal de sus personajes (“Asesinos por naturaleza” y “Camino sin retorno”).

El reciente estreno de “Salvajes” (2012) engrosa a este último grupo al mismo tiempo que parece devolvernos a un Oliver Stone que respira. Sí, luego de los traspiés que significaron “Las Torres Gemelas” (2006) y la secuela de “Wall Street” (2010), el progre realizador yanqui recuperó la vibración que sacude.

Por momentos, en “Salvajes” se huele la denuncia de un mundo que se está cayendo a pedazos, mientras que en otros pasajes, lo bizarro de un cine sin prejuicios nos salpica los lentes. Pera visualizar esto, un tanto inverosímil, por cierto, les cuento de qué va la cosa.

El buena onda Ben, el recontra estereotipado exmarine  Chon y la blonda y siempre caliente Ofelia son jóvenes, esculturales y comerciantes. ¿De que? Cannabis de calidad ABC 1, con un THC del 30%. O sea, una mercadería de primera cuyo origen es Afganistán. (Como verán, no todo es petróleo por aquellas arenas).

Con semejante producto entre manos (y humeando en sus cabezas), los muchachos pretenden dominar el mercado de California, algo que, obviamente, no mirarán con buenos ojos los carteles mejicanos. Es ahí, donde entra en acción lo trash, principalmente, en las carecterizaciones de los personajes intepretados por Salma Hayek (la mala, muy mala Elena), John Travolta (entre canchero y cagón, su corrupto agente Dennis es brillante) y Benicio del Toro (Lado, un matón tan malo como gracioso).

Los dólares, la prepotencia juvenil y la marihuana enceguece al trío protagónico, que, al darle la espalda a las propuestas de sus “enemigos”, se enfrentará a lo peor que puedan imaginarse. Motosierras, jaulas y celulares registrando un infierno. Desde “Scarface” (1983) que Stone no se ponía tan juguetón con las herramientas, (el clásico de Brian De Palma lleva su firma como guionista).

Como suele ocurrir en las artes; el humor y la exageración son más efectivos que cualquier registro documental. Stone, que ha manejado ambos formatos, lo sabe. Acercándose, arriesgadamente, a una estética propia del cartoon el director no tiene vergüenza en hacer uso del humor más negro para pintar una situación que se vive en aquella zona fronteriza.

Está hablando del faso, sí, pero también del comportamiento de un sistema infectado (la CIA, los políticos, los laboratorios, etc.), el que enmascara a un peligroso negocio que atrae y seduce sin decirte lo que viene detrás.

¡Tengan cuidado jóvenes emprendedores!

 

 

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