APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: La excepción a la regla

domingo, 2 de septiembre de 2012 · 00:00

 

por Hernán Deluca

 

Lunes a la noche. Acostado en mi cama, mirando el reloj. Nada programado para hoy; ningún ensayo, ninguna salida.

Solo, en mi cuarto, apenas iluminado por el televisor. Me río, presiento lo que se viene.

Segundos antes que la psicodelia comience con sus cosquillas, pienso lo siguiente: No puedo ver series o programas que exigen un seguimiento semanal. Para eso hay que tener una disciplina que no poseo. Un mismo día, una misma hora…no lo puedo hacer. Si lo hago me doy manija y me castigo, diciéndome que debería estar aprovechando el tiempo con otra cosa, no sé, leer, escribir. Algo. ¿Qué significa aprovechar el tiempo?

De esta manera quedo afuera de las conversaciones importantes: Hernán, ¿me alcanzás un sanguchito? ¿Viste “Lost”? No… Hola, ¿cómo estás? Che, qué bueno el último capítulo de “Dr. House”. ¿Lo viste? Mmm, no… ¿Deluca, qué te parece “La Dueña”?... ¿Eh?

Ustedes dirán que esto era así hace veinte años. Que hoy, con Internet o las ediciones en DVD, uno es el dueño de su tiempo y puede ver su serie favorita cuando se le cante. Es verdad, no lo niego. Pero, en mi caso, cuando tengo ese momento, prefiero a mis amigas, las películas.

Pucha, el programa que no comienza. La ansiedad, debo manejar la ansiedad… ¡Ahí está!… ¡ahí arranca! Nuevos títulos, la misma canción. “Peter Capusotto y sus videos”. Celebro, porque, hoy, el culto es visto por todos.

Dejo de pensar boludeces y disfruto.

Pasa “The Jon Spencer Blues Explotion” y aparece Meconio, el primer nuevo personaje. Un cantautor que ayuda a vivir gracias a sus letras. Son mensajes sin indirectas. “Trincate a la mujer de tu amigo”, canta y agrega: “La ética es una mierda”.

El que sigue es un gran momento absurdo que conecta, sin interferencias, con lo mejor de “Cha Cha Cha”: Juan José Luis, otra criatura con el rostro de Diego Capusotto, le confiesa a sus amigos que “el porro le pegó mal”. Seguido a esto, vemos distintas escenas en la vida de Juan donde, efectivamente, un porro del tamaño de una persona lo maltrata. Como siempre, no hay filtros cuando se tratan los temas más duros. “Fumame y llamame porro”. ¿Escucharon las risas? Mis vecinos seguro que sí.

El absurdo continúa y la realidad que, paradójicamente, se nos acerca un poco más.  “Telenose” y la parodia a esos noticieros que lo único que hacen es confundirnos a partir de todo lo que ignoran y ocultan. Sabemos de qué se trata.

Para el final, lo conocido. Encargada del cierre, la amada por todos nosotros; Violencia Rivas y toda su catarata de insultos contra el sistema.

Debería escucharla más, me digo y apago el televisor sabiendo que debo corregirme: no miro series, ni sigo programas de ningún tipo, salvo “Peter Capusotto y sus videos”, esa cita que, desde hace siete temporadas, nutre al rincón de mi cabeza que salta y salta entre lo inútil y la lucidez. Entre el rock y el peronismo. n

 

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