OCTUBREANDO: Donde el agua

martes, 11 de septiembre de 2012 · 00:00

 

por Horacio Pettinicchi octubreliterario@yahoo.com.ar

 

“Nunca se supo quién le colgó el apodo de ‘Caranchas’, pero se descubría la razón del mote al enfrentar la mirada persistente hasta la mortificación de los ojos negros y agudos de aquella familia. Así fue la abuela, así era la madre y así las hijas…No eran mujeres de callar o intimidarse frente a un hombre, por bien plantado que fuera. Y menos Rosalía. Sus reacciones eran siempre ásperas. La respetaban porque sabía imponerse a todos, especialmente a los mozos a gastar requiebros…- Pa vos, entoavía no soy Carancha! ¡Lo voy´hacer pronto, cuando andes en las ultimas boqueadas! ¡Más pronto é lo que pensás!”

Mirándolo desde las barracas de San Pedro aprendió a amar esa geografía a veces brutal, pero siempre hermosa del delta del Paraná. Aprendió a querer y respetar a los habitantes de esos pedacitos de patria desprendidos del continente, los vio defender sus escasas pertenencias cuando la mansedumbre de ese río se trasmutaba en arrasadora furia, arrasando ranchos, animales, apagando vidas, que mucho no se lloraban porque había que seguir, seguir peleándolo al río. Supo de esos hombres parcos en su hablar, resignados a su suerte, miserables la más de las veces. Y si bien mucho ha escrito Ernesto Luis Castro, creo no equivocarme al decir que su obra máxima fue “Los isleros”, literatura realista que describe con acertados trazos la vida de esos seres relegados por el destino y los gobiernos, enmarcándolos en los amortiguados ecos de la Segunda Guerra Mundial, y las consecuencias sociales y económicas. Personajes como la Carancha o Golondrina se hacen inolvidables, y Koehler, el alemán, es a no dudarlo, el símbolo vivo de la esperanza en un mundo mejor, más justo y digno, no importando el costo que hay que pagar.

“Me voy- dice a la esposa. ¿Te vas, a dónde has de ir?; - A combatir de nuevo para que la paz vuelva para siempre. Ella, en el primer instante, no atina a contestar; un sollozo le anuda la garganta. Después habla con el acento de amarga resignación, - Ustedes no harán nunca la paz. Si nos dejan a las mujeres terminaríamos con las guerras. A nosotras nos dejan los huérfanos, el hambre y las lágrimas”.

Publicada en 1944, “Los isleros” representó a la Argentina en el concurso Latinoamericano de Nueva York, siendo luego galardonada por el Pen Club de nuestro país. Diez años después, Lucas Demare la llevó al cine con la actuación de Tita Merello y Arturo García Buhr.

“…recién descubrió la presencia de Rosalía. El coraje del que hacía alarde se vino abajo. Y los presentimientos de los últimos días resurgieron, ahora, sumiéndolo en un terror indominable.- ¡Cruz diablo! ¡La Carancha!.- Estuvo un instante mirándola como pájaro fascinado ante el caburé. En cambio, la moza mantenía la expresión impasible de siempre. Sólo sus ojos eran más agudos que nunca y brillaban extraordinariamente. El entrerriano, sobreponiéndose al pavor, prorrumpió a gritos.- ¡Échenla ajuera!¡Echen la Carancha! ¡Mi´a engualichao!”

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