Alfredo Casero, con el humor a flor de piel

El actor cómico se metió al público en el bolsillo con “Estese confuso 2.0”, un espectáculo cargado de momentos desopilantes y música.
 
martes, 11 de septiembre de 2012 · 00:00

Proyecciones tan graciosas como delirantes. Relatos, anécdotas y reflexiones que van del absurdo al delirio total. Una genial galería de personajes imaginarios. Música y canciones en los más variados idiomas. Un pequeño perro que corretea sobre el escenario y hasta se anima a pasearse entre las butacas. Todo esto y mucho más representa “Estese confuso 2.0”, el espectáculo que Alfredo Casero presentó el domingo en el Teatro Lope de Vega.

Ante alrededor de un centenar de personas (claramente, el de Pilar continúa siendo un público difícil), el multifacético artista desplegó todo su talento e histrionismo a través de un show con permanentes guiños a lo que tal vez sea su más ingeniosa creación (“Cha Cha Cha”), pero que además lo muestra renovado y con ganas de disfrutar plenamente cada función.

Luego de su segunda visita a esta ciudad (la primera fue en 2008, de la mano de “Soloist”) quedó claro que cada puesta de “Estese confuso 2.0” es única e irrepetible. Es que por un lado, Casero se desenvuelve de acuerdo a la onda que pegue con el público, mientras que por el otro, queda en el aire el enigma de cuánto hay de guión y cuánto de improvisación.

Por supuesto que en cualquiera de los dos casos, el trabajo resulta sumamente meritorio, sobre todo porque el actor/músico lo lleva adelante con total naturalidad y espontaneidad.

 

Risas y más risas

En las dos horas que dura el show, se percibe que Casero se mueve con total libertad, sin ninguna clase de ataduras ni limitaciones. Él abre las puertas de su mundo y el público se sumerge sabiendo de antemano que allí todo es posible, y que lo mejor es dejarse llevar.

Armado con la palabra, el artista va desgranando pequeñas historias (o una gran historia, depende de cómo se lo mire) en las que el humor ácido y la ironía siempre tienen un papel importante. Sin dar respiro, recorre un amplio abanico de temas: las relaciones humanas, los autos, el mate, sus experiencias visitando los escenarios del país, el extraño encuentro con un perro que habla y hasta una leyenda urbana que se centra en el pene de Chayanne.

Sobre las tablas o bajando para estar más cerquita de la gente, Casero hace gala de todo su ingenio, delirio y talento. Se dobla de la risa a la par del público cuando desgrana esos desopilantes relatos, juega con su perrito Kinky (que se paseó por toda la sala) y canta en alemán y en griego, siempre muy bien acompañado del tecladista Humberto Spallina.

 

Los pocos minutos que Casero no está en escena, toma la posta el actor y músico Diego Rivas, quien también sabe cómo entretener a los presentes. A todo esto hay que sumarle la proyección de audiovisuales, que en ocasiones recurren al lenguaje publicitario (alpargatas Taba o puertas blindadas El cañonazo) y en otras se nota el espíritu de “Cha Cha Cha” (la presencia de su hijo Nazareno o del chino Lito Ming, la evocación del Doctor Vaporeso). 

 

“Es una alegría actuar ante un público como ustedes, la verdad es que me cagué de risa”, se despidió el artista, ante el aplauso de un público que disfrutó de dos horas inolvidables.

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