por Marcos Zugasti
Guillermo Coria sigue hiperquinético, de movimiento incesante, igual o más que cuando jugaba. Con unos 5 kilos menos que cuando competía, va de una cancha a la otra en la Sociedad Hebraica de Pilar, casi con la intensidad de sus desplazamientos en tiempos del jugador superlativo que fue.
Se lo ve feliz, humilde y sencillo, como si fuese un actor de reparto más en la selva que representan los torneos Nacionales de Menores. Ya se sacó la pilcha del jugador crack, hoy tiene puesto el overol de entrenador y formador, padre de familia incluido.
Su hijo Thiago no lo acompaña estos días, pero sí muchas veces comparte tardes completas en la terraza de su club en Fisherton, Rosario. Esta semana Coria sorprendió a propios y extraños. Es que el balance de su trayectoria siempre será generoso y consustancial al fin, y todo resultará plenamente sincero y lícito sin que haga falta un sentimentalismo impostado.
Sin embargo, más allá de la magnitud del personaje, del artífice de la primera final de Grand Slam entre dos argentinos junto a Gastón Gaudio en Roland Garros 2004, ex número tres del mundo y ganador de nueve torneos ATP, una nueva etapa ha comenzado en su vida. Con 30 años, el santafecino le contó todas las sensaciones a El Diario en esta imperdible entrevista.
-¿Cómo estás viviendo esta nueva etapa, ahora como entrenador, al mando de una academia?
- Bien, contento. Después de hace un año y medio casi que ya estamos con el club (Coria Tenis), llegó un punto muy alto con muchos chicos, desde la escuelita a la formación y el alto rendimiento. No parece pero es cansador estar todo el tiempo más, casi, como cuando jugaba (se ríe). Organizar entrenamientos, estar a cargo de tanta gente desgasta. Pero es un sueño que pude lograr, y ver que la gente va feliz a mi club, como un club familiar, es algo de lo que estoy muy contento.
-Cuando venís a un torneo de menores imagino también tendrás emociones fuertes, recordando tus tiempos de chico y tratando de transmitir la experiencia a tus jugadores.
- Es bueno acompañar a los chicos, me gusta, aconsejarlos un poco, que puedan estar tranquilos y disfrutar de todo lo que les toca vivir. De que, por ejemplo, vean el cuadro y piensen en el primer partido y que no se hagan ninguna película porque les tocó duro, o un rival difícil. Lo feo sigue siendo ver las presiones que muchos padres les ponen, sin darse cuenta, desde afuera. Siempre fue así y sigue estando y me pone mal que no se termine. Pero es lindo ver a los jugadores que en el futuro nos van a representar en el mundo como tenistas, si tienen la suerte de llegar.
-¿Cómo reciben los chicos tus consejos o las indicaciones que les das?
- No me dan bola. Es que los más chicos por ahí no me vieron tanto jugar, pero los padres siempre me dicen que les hablan de que yo era buen jugador así después me hacen caso (se ríe).
-¿Cómo ves el nivel del tenis argentino de menores?
- Va a ser difícil de igualar una camada como la nuestra. Haber tenido cuatro jugadores en semifinales de un Master Series, o tres semifinalistas en Roland Garros, tantos top 10 juntos. Pero estamos bien, con (Juan Martín) Del Potro y (Juan) Mónaco ahí arriba de espejo para los más chicos, hay que dejar que cada uno haga su camino. Nunca se sabe. (Andy) Roddick a los 15 parecía un jugador normal y después fue N°1 y ganó el Us Open, y otros que pintaban para cracks, como Pless, nunca llegó a un nivel alto. Un buen parámetro es ver cómo les va en Europa o cuando van a Mundiales. Ahí demuestran cómo están los jugadores nuestros a nivel global. Si tienen pasta para chapear bien arriba o les va a costar meterse, a medias. Eso pasó toda la vida. Son muy pocos los casos de los jugadores que se destacan en esas competencias y después no se destacan también como profesionales. Conmigo jugaban Robredo, Mathieu, Benneteau, franceses eran muchos, Mahut, también Feliciano López.
-Se te ve feliz, ¿es así?
- Hoy estoy mucho más tranquilo, sí. Me puse de lleno en esto cuando dejé de jugar, al principio me costaba tal vez un poco cuando viajaba con algun jugador, sobre todo con los más chicos de 12, 13, 14 o 15 años, pero ahora con la experiencia me voy manejando mejor. Y también es importante conocer a los jugadores que uno tiene, en qué momentos dejar que se las rebusquen solos, cuándo meter un gritito en el partido para activarlos. Ellos, y los profesores de mi academia, saben que lo único que le pido siempre a todos es que luchen, que no tiren la raqueta, que se comporten como corresponde adentro de una cancha de tenis. Eso no lo perdono, después cada uno hará todo lo posible.
-¿Cuánto te cambió la vida o la visión de muchas cosas al haber sido papá?
- Siempre te dicen “cuando sos papá te cambia todo”, y uno cree que no debe ser para tanto. Pero pude comprobar que es así realmente. Fue algo maravilloso. Como papá soy bastante más cariñoso de lo normal, estoy siempre pendiente de todo, hasta de cuando estornuda. Espero no volverme un viejo obsesivo y ser un hincha huevos (nuevamente se ríe y se le achinan los ojos).
-¿Le vas a poner una raqueta en la mano?
- Quiero que haga deporte más que nada. Obviamente va a estar mucho tiempo en el club conmigo, voy a ver si armo una canchita de fútbol así le doy otra opción que no sea solo tenis. No, primero que nada quiero que pueda ser feliz.
-¿Es la primera vez que venís a Pilar?
- Ya había venido otras veces, a este mismo torneo también el año pasado. Los torneos en Buenos Aires siempre son en clubes grandes, con mucho verde, y eso a mí me gusta.
-Cuando jugaste pasaste por todos los sentimientos, el éxtasis del triunfo, la desazón por un resultado no deseado, y hasta angustiado con el tenis, en la última etapa ¿Cómo describirías vos hoy tu carrera?
- Cuando uno pierde las ganas de competir y pierde el deseo de lograr las metas que uno tiene, es muy difícil seguir... por eso decidí retirarme. Y después pude encarar los proyectos que tenía pendientes... pero sigo amando el tenis. Eso no cambió. En mi carrera no me arrepiento de nada, aunque seguramente me haya equivocado en muchos casos y tomando malas decisiones. Hoy estoy en una nueva etapa, feliz con mi familia y mis proyectos, y con el orgullo de haber llegado al puesto 3° del ranking mundial y ganar torneos importantes como Mónaco y Hamburgo, haber jugado tres Masters o una final de Grand Slam. Lo veo de esa forma.
Opinión
Un frenesí de momentos y vivencias
por M.Z.
Los triunfos del Coria jugador siempre poseían una significación mayúscula y se habían convertido en una saludable costumbre. Pero luego llegó el vértigo del adiós a todo aquello, en el profundo vacío interior que ha de padecer alguien cuya vida siempre estuvo ligada a una raqueta, con el éxito como aliado inseparable durante muchos años. Pero lejos de hundirse en el olvido, el Mago tuvo vida, y proyectos, después del tenis y alrededor de las canchas de tenis. Y eso es para festejar. Entonces no sorprende que le pidan autógrafos, que los entrenadores busquen algún rápido consejo, o hasta le requieran sacarse una foto. Y él responde siempre cordial, pese a ser bien introvertido, generalmente tímido, opaco y reservado. Pareciera que todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos: de la efímera juventud que le permitió protagonizar hazañas inolvidables, mutó el atuendo al de un laburante del tenis, plantó su propia academia -“un club familiar”, se enorgullece en describirlo así-, y creció como persona. Siempre junto al tenis, y en Pilar fue un claro ejemplo de una nueva y diferente escena en la vida de uno de los mejores jugadores que tuvo el tenis argentino en toda su historia.
