APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: La música del feriado

por Hernán Deluca
miércoles, 24 de agosto de 2011 · 00:00

 

Son las cuatro de la tarde de un lunes feriado. Sin rastros de la fiesta de anoche, muevo mi esqueleto y arranco. Tocando apenas el suelo con la punta de mis pies, voy hacia la estufa, la enchufo y me quedo, un segundo, apuntando mi trasero al incipiente calor. Hoy tengo los cachetes fríos. Pero el fuego no llega. Voy hasta la cocina y pongo la pava a calentar. Rodeo la hornalla con mis manos, pero nada. Levanto la persiana y observo la inseguridad con la que me responde el día. Sale el sol, se nubla. Se nubla, sale el sol. Mejor, me quedo de este lado. Ni me peino. ¿Vuelvo a la cama?  Tremenda pregunta.

Pero, desayunamos. Almorzamos y merendamos, todo junto. Qué cosa, sigo cansado y con frío. Música, ahí está la llama.

Neil Young tiene una hermosa costumbre: revolver en sus archivos, encontrar alguna joya perdida y editarla. Por estos días salió a la calle “Neil Young and the International Harvesters-A Treasure”, el resultado de una de sus tantas transformaciones musicales. Corría el año 1984 y Young abandona la new wave, se junta con un octeto de Nashville y sale de gira para hacer sus clásicos en versiones country y tocar temas nuevos. Aunque parezca mentira, muchas de esas gemas recién ven la luz con este disco en vivo. Por ejemplo, la dulce pieza del comienzo “Amber Jean”, sentido homenaje de Young a su hija, por entonces, recién nacida. Algo de los Crazy Horse se filtra por ahí, fundamentalmente, en la épica “Grey riders”, una de esas canciones que te empujan a formar una banda y jugar al rockero. Y, siempre, será un viaje escuchar “Flying on the ground is wrong”, uno de esos temas que te llevan a otro lado. Mejor dicho, a ese lugar donde lo escuchaste por primera vez. Por un instante, soy otro.

El frío ya se fue.

Acostado, flotando en una especie de paraíso terrenal de tres metros cuadrados -eso me pasa con la música- y con cero ganas por modificar la sonrisa de mi estómago, me entrego a “Ukelele songs”, el segundo trabajo solista de Eddie Vedder, cantante y líder de Pearl Jam. Como su nombre lo indica, el disco está conformado por unas 16 canciones donde la voz de Vedder es acompañada por este instrumento que, si lo escucho solo, intuyo, puede llegar a enloquecerme.

Justo en el instante en que su banda está festejando los 20 años de vida, con reediciones y documentales varios, Vedder deja de lado su costado rabioso y vuelve a calzarse el traje del sentimental. Para que los fans no desesperen, hay temas de “Pearl Jam” (“Can’t Keep”) y clásicos que adquieren otro color con la sumatoria de estos dos colores únicos: la voz de Eddie (una de las más personales del rock actual) y la exquisitez del ukelele.

La bella “Tonight to belong” junto a otro instrumento divino llamado Cat Power y “Dream a little dream”, el tema que popularizaron los Mammas and the Pappas son de esas piezas que te dan ganas de tomar a tu amada, mirarla a los ojos, besarla y bailar y bailar, aunque tengas puesto estas pantuflas a cuadros.

El feriado ya se fue o, al menos, eso dicen mis ojos al cerrarse. La música sigue sonando, al igual que este estómago sonriente. Ahora, que se venga la semana, tengo con qué darle.

 

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