Soy Mano: Sólo 80

por Graciela Labale
sábado, 30 de julio de 2011 · 00:00

 

 

Con 36 años y 5 hijos pequeños, Francisco, su amor, ése con el que había soñado una vida juntos hasta el final de sus días, enferma gravemente y muere en la lejana Buenos Aires. Acompañada del mayor de sus hijos le da cristiana sepultura y regresa a Tartagal a unirse con los suyos. Difícil es de imaginar cómo habrá sido aquel viaje de vuelta para esta joven mujer que en poco tiempo debía enfrentar un futuro al que no había planeado así. Cuántas cosas habrán pasado por su cabeza y su corazón, cuánta tristeza.

Pero la sangre correntina que corre por sus venas, el amor a sus hijos, el cariño de su gente y la presencia incondicional de su hermana “Tita”, no le permitieron a Zulma Silva de Martínez bajar los brazos.

 

* “Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo Vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales coseché siempre rosas.”

 

Así fue como en pocos días juntó los bagayos y un 23 de diciembre con sus hijos tomados de la mano, “la Tita” y Petiso, el perrito de la familia, emprendió un larguísimo viaje en tren hacia Buenos Aires, más precisamente a Pilar donde vivía una prima y donde habría de comprar un terreno tal como había planificado con su compañero. La fecha de la partida no fue elegida al azar, claro, Zulma no quería pasar la Nochebuena hundida en la tristeza de la ausencia.

Ya instalada empezó la otra historia, la de una mujer que educó a sus hijos con dedicación exclusiva e hizo de ellos gente de bien. En tanto, mientras cosía algunas ropitas para ganarse unos pesos que sumaba a la pensión, al trabajo de la tía, de los hijos mayores y a la estricta administración de un préstamo, edificó su casa con dignidad  acompañada por el afecto de los vecinos a los que les infundía respeto y admiración.

Sin duda, Zulma, como lo que es, una leona, luchó y mucho para construir una hermosa familia que junto a los que llegaron después, nueras, yernos y nietos, hoy, festejan su vida, sus 80 años. Sólo 80.

 

“Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡más tú no me dijiste que mayo fuera eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amada, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada te debo! ¡Vida, estamos en paz!”

 

* “En Paz” Amado Nervo

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