Un nuevo femicidio: violencia de género

3 de julio de 2011 - 00:00

 

por Lic. Andrea  J. Carpaneto*

 

Pese a las numerosas tareas de prevención y concientización que realizan ONG y asociaciones civiles, continúan apareciendo mujeres asesinadas en dudosas circunstancias, y los sospechosos pertenecen al género masculino: son parejas, ex parejas o allegados a la víctima. Se trata, en la mayoría de casos, de femicidios.

Femicidio es el término que se utiliza desde 1976 para denominar una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres. Es el asesinato cometido por un varón hacia una mujer sobre quien ejerce el poder, como si fuera de su propiedad.  

El pasado fin de semana, otra mujer, una vecina de Villa Astolfi de 31 años, fue encontrada muerta, en este caso en Zárate. Se trató de un crimen horroroso, denigrante. La mujer fue hallada despojada de sus ropas y abandonada a la vera de una ruta. Esto habla, una vez más, de la humillación que sufren las mujeres, y define el estilo de la violencia de género que impera en nuestra sociedad.

La violencia contra la mujer “es cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como privado”. (1)

La violencia de género no es un problema demográfico, étnico, de grupo etáreo, cultural, ni económico. La violencia de género sucede en todas las clases sociales y niveles culturales e intelectuales. No distingue oficio ni profesión. Ocurre en las clases acomodadas económicamente y en las de bajos recursos. Es importante remarcar este aspecto, ya que lo que se escucha frecuentemente es que eso “sólo pasa entre la gente pobre”. Otros dichos popularizados para justificar la violencia de género son: “algo habrá hecho para que le pegue”; o “ella lo provocó”.

El hombre violento utiliza determinadas tácticas para lograr el control total de la mujer, causándole miedo y dependencia. Esas tácticas son: aislamiento de toda relación social y redes de apoyo, desvalorización personal, demandas triviales para polarizar su atención y golpes y amenazas para intimidarla y generarle pánico.

Existen indicadores previos al hecho violento. Mencionaré algunos a tener en cuenta:

• cuando la mujer no recibe el mismo trato de su pareja que ella brinda;

• cuando el trato hacia ella no es cordial, ni amable;

• cuando se producen largos silencios de horas o incluso días. 

En la pareja, el diálogo igualitario tiene que estar siempre presente. La mujer tiene derecho a ser escuchada igual que el hombre. Los monólogos masculinos son indicios de no poder escuchar a la mujer, de no ofrecerle el lugar que le corresponde en el vínculo relacional de pareja. La mujer tiene derecho a tener la libertad de relacionarse con quien ella elija (familiares, amigos/as, compañeros/as de trabajo, vecinos, etc), a administrar su tiempo en la casa y a tener su espacio de ocio y recreación.

Los celos excesivos, las críticas y descalificaciones constantes a su decir y accionar son parte del proceso de paralización hacia la mujer, que luego de años la lleva a una baja autoestima, en la que ella ya no cree que puedan ser importantes sus opiniones o las decisiones que toma. Cuando ha dejado todas las decisiones de la vida cotidiana a su pareja, ya no siente ser importante y comienzan algunos o varios signos de estado de ánimo deprimido.

El ciclo de la violencia hacia la mujer tiene tres fases, que varían tanto en la duración como en intensidad. Estas son: fase de acumulación de tensión, fase de explosión y fase aguda de golpes, luego de la cual viene la calma “amante”.  En amplios sectores de la sociedad, la naturalización de la violencia hacia la mujer está muy arraigada a causa del modelo de cultura patriarcal. Es por esto que los trabajos de visibilización de las formas de violencia hacia la mujer deben continuar.

La violencia de género es un problema social y de salud pública, por los daños que causa en la salud física y mental de las mujeres. El Estado debe incorporar el problema en la agenda política y debe ser el encargado de proveer los recursos necesarios para la formación de equipos interdisciplinarios que intervengan en cada caso, y para que se avance en la defensa de los derechos de los grupos mas vulnerables de la sociedad, estos son: los niños y niñas, las mujeres y los adultos mayores.

La prevención comienza con la capacitación y educación en la temática de violencia de género, la cual debería ser incluida en todos los programas de estudio, desde los de primaria hasta terciarios y universitarios. Será la manera más eficaz de modificar los rígidos estereotipos de género masculino y género femenino impuestos  por la cultura patriarcal.

 

1- Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer “Convención de Belem Do Para” (1994) -Nogueiras García, Belem (2002) -Walker, Leonore E. : (1979)

 

*Psicóloga -  UBA [email protected]

 

 

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