OCTUBREANDO: La dedicatoria

por Horacio Pettinicchi
octubreliterario@yahoo.com.ar
martes, 19 de julio de 2011 · 00:00

 

Es difícil ser objetivo al escribir sobre el reciente libro de una autora a quien uno aprecia, se hace más arduo aún, si la consideras como tu maestra, quien desde un taller te ha aconsejado acertadamente sobre el arte de escribir. 

Julia García Mansilla, co-vecina de Pilar, me  ha hecho llegar su última publicación, con una cálida dedicatoria, que agradezco.

Se trata de “Huellas del Perro Negro” de Ediciones del Boulevard, y de hecho me asombró, y no es que no conociera el trabajo anterior de esta escritora, desde aquel “Don Diego, el Aparecido” (su primera novela), o “Tierra de Silencio”, como así sus primeros cuentos sobre su Londres catamarqueño.

Pero en ésta, su última obra, Julia se mete de lleno en la corriente de la literatura andina también llamada indigenista, que tan bien expresaran autores como el ecuatoriano Jorge Icaza, en su inolvidable Huasipungo, el boliviano Alcides Arguera o el peruano Manuel Scorza. 

“Huellas del Perro Negro” es una novela de atrapante trama y de ágil lectura, pero fundamentalmente se vislumbra una laboriosa investigación histórica.

En sus páginas nos topamos con las ambiciones, las pequeñas miserias y los amoríos del conquistador, pero también con la férrea resistencia de la Nación Diaguita y la inmensa presencia de Juan Chelemín. Del cacique Juan Chelemín, el “perro negro” para los godos, pero el Tigre de los Andes para sus hermanos, cuyo rugido libertario aún resuena por los Andes. El primer rebelde de lo que sería luego suelo argentino, el que lideró a los abaucanes, malfines, andalga, yocavil, calchaquíes y hualfiles en la lucha contra el feroz usurpador de sus tierras.

Junto a estos, a los personajes que hacen a la novela, surge la increíble historia de Londres de la Nueva Inglaterra, la errante ciudad catamarqueña.

Necesaria lectura la de esta novela, si uno quiere acercarse a la historia de nuestra tierra de una forma más amena.

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