Octubreando: La escritora y su doble

Por Horacio Pettinicchi
martes, 17 de mayo de 2011 · 00:00

 

 Que Borges haya compartido autoría con Bioy creando a ese entrañable  personaje de Honorio Bustos Domecq es sumamente conocido, pero que él haya distinguido a una mujer para escribir un texto de ficción es algo poco sabido. Corría el año 1954 cuando J.L.B. le propuso a Luisa Mercedes Levinson (1904-1988) escribir a “cuatro manos”. Así nació “La hermana Eloísa”, que si bien no es una de las mejores producciones de ambos escritores, a poco se convirtió como obra de culto que aún hoy sigue circulando en fotocopias y por Internet. “Cuando me propuso escribir un cuento en colaboración casi me desmayo. Borges, en 1954, no era conocido como ahora. Pero nosotros, los escritores, sabíamos de su grandeza. Le llamábamos «escritor para escritores». Yo tenía casi terminada otra novela, (‘Concierto en mí’). Se la había dado a leer a Borges y a su cuñado, el ensayista español, Guillermo de Torre. El proceso de elaboración de ‘La hermana de Eloísa’, el cuento que escribí con Borges, fue peculiar. Caminábamos por toda la ciudad, por los barrios más inusitados, como Puente Alsina, llegábamos hasta Avellaneda, etc., tomábamos el tren y nos íbamos a las estaciones del Oeste. Así nació el argumento de ese cuento largo, que da título a un pequeño libro. El editor fue Julio César Gancedo. Tal vez no fue una gran realización. Para mí, lo valioso fue que, durante el proceso de elaboración, aprendí el arte de corregir. Borges venía a tomar el té todas las tardes y escribíamos durante dos o tres horas, una sola página. Era una novedad para mí, que fui siempre una atropellada. Cuando a Borges y a mí se nos ocurría una idea, Borges la sopesaba, la aclaraba, y la transformaba en síntesis”. Con él recorrió el proceso de transmutarse en escritora y el difícil arte de la corrección.

Extraño destino el de esta mujer de arrolladora personalidad que trascendió por sus joyas, sus excéntricos vestidos y sus tertulias literarias más que por su obra, despareja por cierto, con textos formidablemente logrados junto a otros perfectamente prescindibles. “La obra maestra de Luisa Mercedes Levinson fue ella misma”, nos decía  de ella Marco Denevi. Absolutamente outsider y sofisticada fue una relevante figura de los años sesenta y setenta. Singular personaje, desarrolló un absoluto realismo mágico americano mucho antes que Gabo lo hiciera famoso a través de “Cien años de soledad”. Incursionó en cuentos y dramaturgia, colaboró en el suplemento cultural de La Nación, obtuvo el Premio Municipal de Novela y Teatro, recibió el premio Konex, su postrero trabajo fue “El último zelofonte”, editado en 1984. Su hija, la escritora Luisa Valenzuela, la definió de la siguiente manera: “Visionaria en más de un sentido” agregando “Era una escritora y su doble, como en el cuento de Henry James, pero en el caso de ella el personaje mundano era sumamente seductor y fascinante. Demasiado, al punto de opacar a la que escribía en la cama esos textos tan bellos.” 

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