Zurbarán celebra sus tres años en Pilar

La galería inaugurará el próximo sábado una muestra con fotografías de Karina Mendoza y esculturas de Lucía Pacenza. / Apuntes desde la Otra Vereda por Hernán Deluca /
miércoles, 9 de junio de 2010 · 00:00

 

«Ritmos», una de las esculturas realizadas por la artista Lucía Pacenza.

 

Este fin de semana, la Galería Zurbarán Pilar celebrará su tercer aniversario en la ciudad con una atractiva muestra que reúne a dos artistas de distintas generaciones y disciplinas.

El próximo sábado, desde las 19, se inaugurará una exposición con obras de Karina Mendoza (fotografía) y Lucía Pacenza (escultura) en el espacio de arte que funciona en el Hotel Sheraton Pilar (kilómetro 49.5 de la Panamericana). Los trabajos en exhibición podrán ser apreciados todos los días, de 10 a 20, con entrada libre y gratuita.

Respaldada por más de 3 décadas de trayectoria y una vasta experiencia en el país y el exterior, Zurbarán desembarcó en estas tierras con el objetivo de aportar su granito de arena a la cultura de la zona con una programación de muestras que incluye promesas y artistas de renombre. En julio de 2007, la galería abrió sus puertas en Pilar con “El mundo de Ernesto Bertani”, una exposición que, a través de 50 cuadros, resumió los últimos 15 años de trabajo del talentoso plástico, un verdadero exponente del arte contemporáneo.

Se sucedieron a partir de entonces, muestras de artistas de la talla de Florencio Molina Campos, Raúl Soldi, Leopoldo Presas, Claudio Rikelme, Jorge Dándolo, Mario Vidal Lozano y Jacques Witjens, entre otros.

 

Arte x dos

La escultora Lucía Pacenza (1940) participó desde 1966 en concursos nacionales e internacionales y presentó 27 muestras individuales en el país y el exterior. Su temática se centra en escultura urbana contemporánea y su material preferido es el mármol de carrara. 

Obras de su autoría se encuentran emplazadas en distintos lugares públicos y en los museos de Bellas Artes de Buenos Aires, el Rosa Galisteo de Rodríguez de Santa Fe, el Museo de Arte Moderno de Toluca y la Cancillería Argentina, entre otros.

Pacenza es, en suma, una artista consagrada con una larga y exitosa trayectoria y una posición bien ganada en el panorama de la escultura argentina.

En tanto que Karina Mendoza (1968) lleva dos décadas dedicada a la fotografía, pero sólo recientemente, comenzó a presentar sus trabajos. La exposición que montará en Zurbarán Pilar es el fruto de un largo viaje que realizó por los Emiratos Árabes, donde, la artista, con ojo zahorí, hizo varios cientos de tomas, de las cuales luego hizo una selección, que será presentada en distintas series: Gente, El desierto, Arquitectura, Los camellos y Psicodelic Couch.

 

 

En Il Piccolo

Teatro, arte y música

La Unidad Teatral Ocho brindará el próximo sábado, a las 21.30, la última función de la pieza “Contrastes” en la sala de Il Piccolo Teatro (Hipólito Yrigoyen 659, primer piso). La comedia escrita y dirigida por Manuel Vázquez, que tiene como protagonistas a Patricia Catania, Norma Godoy y Anahí Ponsone, luego será montada el 19 y 26 de este mes, respectivamente, en los escenarios de los countries Mapuche y Golfers.

En tanto que el viernes 18, desde las 20, las paredes de Il Piccolo se engalanarán con las obras del artista plástico local Alejandro Maass, que expondrá sus últimos trabajos. La oportunidad resultará propicia para la instalación del mural pintado especialmente por el pilarense para la platea de esa sala.

El sábado 10 de julio, tal como lo viene haciendo desde hace años, la Asociación Italiana presentará una velada lírica en el salón de fiestas de su sede ubicada en Hipólito Yrigoyen y Battaglia. En esa oportunidad, el espectáculo estará a cargo del conjunto Encanto Lírico, compuesto por jóvenes sopranos, tenores y barítonos que recorrerán un amplio repertorio de arias operísticas, zarzuelas y canciones internacionales.

 

Apuntes desde la otra vereda 

Dennis Hopper (1936-2010) 

por Hernán Deluca 

“Debería haber muerto diez veces. He pensado mucho en eso. Es un absoluto milagro que yo esté acá”, decía Dennis Hopper hace un par de años. Finalmente, la muerte llegó y a nadie pareció importarle.

Eh, Hernán, ¿por qué esa cara? Se mueren actores todos los días, me dijo el inoportuno de siempre. Me pasó con Paul Newman; obviamente, con Marlon Brando. Me entero que estos tipos se mueren y, ¡crac!, algo se rompe. Las luces se apagan, la puerta se cierra estruendosamente.

Es cierto, mueren actores todos los días, pero, puedo asegurarles que son muy pocos los que le meten rock al asunto. Por eso, me joden sus ausencias.

Enfant terrible, amigo de Jack Nicholson y Harry Dean Stanton, Hopper ha participado en un puñado de películas inolvidables. Joyas que, gracias a su salvajismo y excentricidad, se impondrán por siempre. Y, no es casualidad que su rostro viva en ellas.

Por ejemplo, en 1956 participó de “Rebelde sin causa”, de Nicholas Ray. Allí se lo puede ver, como pidiendo permiso, compartiendo escenas con el genial y efímero James Dean. Por aquellos días, Hopper, con tan sólo 18 años, estaba convencido que era el actor más grande del mundo por el simple hecho de haber participado en una representación de  Shakespeare. “Simplemente hacé las cosas, no las muestres. Tomate el trago, no hagas que tomás el trago”. Esas fueron las palabras de Dean. Acababa de encender una llama… Un incendio.

La fama o, mejor dicho, el reconocimiento, llegaría gracias a un film de bajo presupuesto, (hoy en día es un título inevitable a la hora de entender una época). Escrita, dirigida y protagonizada por el propio Hopper, en 1969 se estrena “Busco mi destino”, emblemática road movie basada en la movida de la contra cultura hippie y el movimiento beat. Por un momento, Jack Kerouac, el ácido y Steppenwolf nos convencieron que habíamos nacido para ser salvajes. “Los ‘60 ya habían pasado cuando se estrenó la película. Pero Hollywood no había asumido nunca esa década. Finalmente, con ese film, Estados Unidos pudo verse la cara. Fue un momento increíble, pero eso es todo lo que fue: un momento”. Tenía razón, sin embargo, el cine no fue el mismo desde “Easy rider”.

Más allá de la turbulenta relación con Francis Ford Coppola (testimoniada en el documental “Hearts of darkness: A filmmaker’s Apocalypse”), fue el realizador nacido en Detroit quien le dio a Hopper dos de sus papeles más recordados, al menos para mí. Me estoy refiriendo al fotógrafo verborrágico y desquiciado en la aún más desquiciada “Apocalypse now” (1979) y el padre borracho de Mickey Rourke y Matt Dillon en la siempre bella y dolorosa,  “La ley de la calle” (1983). A color y en blanco y negro, estos dos personajes aún laten.

No quiero culminar este brevísimo y obligado recorrido sin mencionar a Frank Booth, el depravado, sádico y extraño personaje de “Terciopelo azul” (David Lynch, 1986). Esos ojos desorbitados, la máscara de oxígeno sobre su rostro y el llanto aniñado cada vez que le practicaba sexo oral a Dorothy, personaje encarnado por Isabella Rosellini, son marcas que no cicatrizan.

Además de director y actor, Hopper fue un gran artista plástico. Recomiendo que googleen sus trabajos pictóricos y fotográficos, son de una calidad notable, pero, claro, nunca se reconoce a quién es tan sólo un actor.

Por estos días, a la prensa amarilla le interesó resaltar que era alcohólico, drogadicto y que se casó cinco veces. En cambio, yo prefiero recordar esos cinco trabajos. Motivos suficientes para que el inoportuno de siempre comprenda mi dolor.

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