Soy Mano: La vida y la muerte bordada en la boca II

por Graciela Labale
sábado, 3 de abril de 2010 · 00:00

Como Víctor, mi compañero de columna, parafraseara a Serrat hace un año y medio, esta última semana sentí, muy de cerca, esa impresionante frase del poeta catalán en carne propia. Arranqué el domingo festejando el cumpleaños número 60 de mi amiga, hermana de la vida. Cuántos recuerdos, cuántas vivencias pasadas y por venir. Un video intentando reunir en minutos cientos de historias que se entretejieron con los años: los viejos, su hermano, los hijos cuando eran niños, la familia, los amigos, sus sobrinos propios y postizos y ese amor, diría eterno, por su pareja desde hace más de 40 años. Las canciones que muchas veces nos juntaron en un fogón de campamento, el baile que me dejó molida y las palabras de quienes mucho la queremos. En fin un día a plena alegría entreverada con la nostalgia propia de las evocaciones.

Después y ahora sí, pasados los 3 meses, celebrar con todas las letras, la alegría de ser por primera vez tía-abuela, Sí amigas y amigos del Soy mano, mi sobrina-ahijada Laurita, va a ser mamá en octubre, no se imaginan lo que siento. Pero si me parece verla todavía a esa gurrumina chiquitita en mis brazos y ahora me va a hacer casi abuela!

Junto a toda esta belleza también esta semana tuve una enorme tristeza. Se fue la querida  Porota, una abuela del corazón para mis hijos, un ser angelado de sonrisa bonachona que repartía amor a quien se le acercara. Le gustaba mucho la pintura y mientras su vista se lo permitió, enseñó su arte a cuanto chico pasara por su vida. Porque su vida estaba llena de colores y de paz. Y así se fue, plena de paz y rodeada del amor que ella misma sembrara a lo largo de sus 85 años.

¿Qué por qué les cuento todo esto? Porque ustedes siempre me hacen saber que muchas veces les sucede lo mismo que a mí, sólo que yo tengo la oportunidad de contarlo a través de la columna. La vida y la muerte bordada en la boca.

 

“…Estaré donde menos

lo esperes

por ejemplo

en un árbol añoso

de oscuros cabeceos

 

estaré repartido

en cuatro o cinco pibes

de esos que vos mirás

y enseguida te siguen

 

y ojalá pueda estar

de tu sueño en la red

esperando tus ojos

y mirándote”. *

 

* Mario Benedetti

 

 

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