Pinti llegó a Pilar y no ahorró palabras

Ante un colmado Lope de Vega, el humorista protagonizó el primer Reportaje Público del año. Habló de su vida, su carrera y el país.
miércoles, 28 de abril de 2010 · 00:00

«La Argentina es inhundible», expresó Pinti durante la charla con el público.

 

De muy buen humor y con la elocuencia que lo caracteriza, Enrique Pinti pasó por Pilar para protagonizar el arranque de los Reportajes Públicos 2010, ciclo organizado por la Subsecretaría de Cultura que desde hace 3 años se dedica a traer a figuras del mundo del espectáculo para que mantengan una distendida charla cara a cara con el público local.

A través de una mirada irónica y crítica, el humorista de 70 años se refirió a su vida, su carrera artística y la situación del país, respondiendo con muy buena predisposición a las preguntas que le formularon muchos de los que el lunes último colmaron el Lope de Vega.

Como siempre, el encuentro estuvo coordinado por el periodista Luis Mazas, quien ofició de moderador entre el artista y los presentes. “Tenemos el lujo de contar con un estupendo actor que no podemos encasillar sólo en el humor. Se trata de un artista con vocación de hacer reír, emocionar y llorar, siempre jugando con la realidad”, manifestó Mazas.

 

“Yo quiero hablar”

Tras las palabras de introducción a cargo del periodista, la gente recibió con aplausos a este completo artista que supo dejar su huella en escenarios, cine, televisión y libros.

En el arranque de la charla, Pinti se remontó a sus inicios en Nuevo Teatro, la compañía independiente encabezada por Alejandra Boero y Pedro Asquini. “Tenía 17 años y estaba en la boletería, esto me permitió estar en contacto con el público. Nuevo Teatro representó mi casa y mi educación, todo lo que hoy necesita la juventud”, remarcó el humorista.

El creador del exitoso espectáculo “Salsa criolla” afirmó que si bien el teatro representa su prioridad, confesó que sus ganas de trabajar en la pantalla chica siempre están latentes. “La verdad es que nunca hice mucha televisión porque es un medio que exige demasiado tiempo de dedicación. Lo último que hice fue una participación en ‘Mujeres asesinas’, así que estoy esperando que Adrián Suar me ofrezca hacer algún unitario”, manifestó. 

El público disfrutó plenamente la visita del artista a Pilar, escuchando con atención cada una de las respuestas que brindó, y acompañando con risas y aplausos  sus comentarios tan graciosos como agudos. “Yo quiero hablar, me parece que es lo más útil que puedo hacer para la sociedad”, enfatizó en medio del reportaje abierto.

Como no podía ser de otra manera, en un momento, el tema de la charla cayó en la Argentina, esa porción del planeta que, con su particular mirada, Pinti viene analizando desde hace años. “La Argentina es inhundible, eso que la han cagado muchas veces. Con la crisis del 2001 realmente pensé que no salíamos más, y sin embargo, lo hicimos”, dijo Pinti, quien en unos días (el 8 de mayo) reestrenará “Mi bello dragón” en el Maipo, un espectáculo para niños que escribió y co-dirigirá con Ricky Pashkus.

 

 

El ciclo continúa 

Este año, el ciclo de los Reportajes Públicos continuará el próximo mes (aún no hay fecha confirmada) con la presencia de Arnaldo André. La propuesta, que como siempre será de entrada gratuita y tendrá como escenario el Teatro Lope de Vega, se completará con Norma Aleandro (junio) y Carmen Barbieri (julio)

 

APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA 

Un extraño en 2D 

por Hernán Deluca 

Rara sensación la de no congeniar con la mayoría.

Triste, amargado y decepcionado. Así dejé la sala 4, luego de haber presenciado la adaptación que Tim Burton, el eterno adolescente gótico al que todos amamos, hiciera de “Alicia en el país de las maravillas”, ese anticipo de la psicodelia escrito allá lejos y hace tiempo por Lewis Carroll. 

¡Cuánto prometía aquel colorido trailer! Hasta el mismísimo Johnny Depp parece otro. Se lo ve incómodo en su personaje, un Sombrerero Loco construido con los tics de Willy Wonka y Jack Sparrow. Una pena.

Al menos, -y esto lo digo entregándome a un conformismo ramplón- viví la experiencia del 3D, el formato estrella que venía ignorando desde el año pasado y que, tarde o temprano, tenía que visitar. Sin pretender calzarme el traje de sociólogo de barrio, debo reconocer que se vive todo un fenómeno detrás del nuevo chiche. El marketing, ese nocivo Dios al que muchos siguen (por supuesto, yo también caigo en la trampa), vuelve a triunfar. La forma por encima del contenido, una premisa que, hoy en día, ha modificado las costumbres del espectador medio de cine.

¿Qué vamos a ver, papá? No sé, lo que esté en 3D.

Al mismo tiempo, es interesante presenciar el espectáculo que se vive durante la previa. Largas filas de espectadores, corren hacia la oscuridad de la sala, desesperados por ser parte, cuanto antes, de una “realidad superior”. No importa que el pochoclo se caiga en el camino o la gaseosa se derrame sobre la campera del cactus. Tienen que apurarse para poder percibir a esas coloridas flores, tan auténticas como el rostro de Cher.

Sin embargo, yo fui un extraño. Para colmo, los modernos lentes que manoteé, envueltos asépticamente en sobres plásticos y transparentes, estaban sucios y tenían una patilla deformada. Les juro, hice un esfuerzo para que el asunto me dé vuelta la cabeza y modifique mi manera de ver al séptimo arte. No hubo caso. Tardé, aproximadamente, media película en adaptar mi vista a eso que muchos glorifican. Antes, hice la que hacen todos, levantarlos unos centímetros y ver cuál es la diferencia con la visualización normal. Lo único que logré es marearme con una sucesión borrosa de imágenes a 24 cuadros por segundo. Lo confieso, no la pasé bien.

Triste, amargado y decepcionado. Así dejó la sala este desubicado defensor del cine tradicional, mientras, a su alrededor, todo era éxtasis y algarabía. Niños y adultos evidenciando en sonrisas tatuadas el haber vivido una experiencia trascendental. Ya no importan los relatos. Ahora manda la pirotecnia. ¡Hasta el IMAX no paramos!

¿Papi, viste cuándo el conejo parece saltar por encima de nosotros? ¿Y, cuándo el pajarraco chocó mi nariz?... No, no lo vi. Claramente, algo me estoy perdiendo.

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