“La estupidez del arte es no comprometerse en la vida de la gente”

Es uno de los artistas plásticos más prestigiosos de la actualidad. Hace esculturas con rezagos industriales. Vive en Pilar y sueña con trabajar con escuelas públicas del distrito.
domingo, 11 de abril de 2010 · 00:00

Alejandro Marmo con un grupo de chicos de la Villa 31, con quienes trabaja habitualmente.

 

 

por Celeste Lafourcade

La Sexta Sinfonía de Beethoven suena de fondo en un atardecer despejado de algún lugar de Fátima. Lejos de cualquier solemnidad, uno de los artistas argentinos de mayor prestigio internacional ofrece algo para tomar e invita a ponerse cómodo. Y antes de la primera respuesta, el dueño del currículum que intimida ya es un tipo común que transforma un cuestionario en una charla amigable.

Transformar, por ahí pasa la cosa. Alejandro Marmo hizo de ese concepto el sentido de su arte, el mismo que le abrió las puertas del mundo y con el que llegó a países como Japón, Italia, España, Austria, República Dominicana, Panamá, Cuba, Estados Unidos, y, por supuesto, la Argentina.

“Trabajo con lo despreciable, porque eso está adentro mío. Lo que veo reflejado en los materiales son gérmenes que trato de sacar y transformarlos en obras”, explica el autodefinido “trabajador del arte”, en un intento por alejarse de la palabra artista, a la que mira de reojo. 

Llevada al plano de lo social, esta idea fue plasmada en una serie de proyectos realizados en cerca de 30 fábricas del país -experiencia que luego fue exportada a otras ciudades del mundo- donde a través del trabajo con obreros, los desechos industriales son transformados en obras de arte.

“Empezó rescatando lo que habían dejado las fábricas abandonadas -recuerda sobre la génesis de la iniciativa-. Con eso, la gente que había quedado desempleada y con un espíritu lúdico y utópico, empecé a pensar en contagiarlos para que el arte sea un método de integración social y de recuperación industrial”.

 

-¿Llevar el arte a lo colectivo rompe con la conducta a veces egocéntrica e individualista del artista?

- Yo creo que soy individualista y egocéntrico, lo que hago es tratar de transformar ese demonio. Pero sin la composición individual no se genera una idea. Cuando uno se compromete en términos individuales a contagiar este mundo imaginario que todos tenemos, puede provocar un mecanismo de salvación. Que los otros crean en sí mismos.

 

-¿Cuán ejercitada tiene el hombre común la capacidad de imaginar? Da la sensación de que es algo que tenemos bastante anulado.

- Sí, pero porque nos hacen creer que no somos artistas por los mecanismos que construyen una cultura. El trabajador teóricamente no tiene acceso a la cultura y al creer eso, no puede pensar que su mundo imaginario es valioso. Mi trabajo es valorar lo que ellos tienen como fundamento de su vida para animarlos a imaginar su propia obra. O a que tengan un sentido de pertenencia de la obra que emplazamos en la vía pública. Eso nos hace creer que todo lo que proyectamos desde la imaginación lo podemos plasmar y despierta un mensaje para la sociedad: acá estamos nosotros.

 

El paso más inmediato en este sentido tendrá lugar el próximo 1º de mayo con la inauguración de la muestra de las obras realizadas por los obreros de la Cooperativa de los Constituyentes de la fábrica Férrum de Avellaneda, dedicada especialmente a Cacho “un obrero que se nos fue y nos mira desde el cielo”, de la que participará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

 

Estupidez glamorosa

Tiene 39 años y alrededor de 15 de carrera profesional, aunque el número resulta caprichoso e inexacto para alguien que reconoce como su primera obra el “haber atado mis zapatos solo. Me generó independencia y fue decisivo para mi primera obra expuesta”.

Hijo de padre italiano y madre griega, el origen de su vocación hay que buscarlo en su infancia: “mi viejo fue un herrero y mi vieja era zapatera, y yo jugaba con las cosas que les sobraban”.

Sus respuestas se interrumpen cada tanto con una carcajada sonora, mientras juega al sincericidio: “tengo una parte muy despreciable, si no hubiera tomado el camino del arte, hubiera sido realmente una mala persona”.

Luego, dirá que “siempre me costó estar en la realidad, o terminaba en un manicomio o abrazaba ese mundo que me dominaba y lo transformaba en algo”. Y contará que llegó a vivir en un auto, que volvió de Córdoba haciendo un camino de esculturas para juntar plata (una de ellas está en Pilar, en Parque Irízar), hasta que “me decidí por mi mundo imaginario y me jugué la vida por eso”.

Sin embargo, asegura que “hasta que no te ven “artista” nadie te toma en serio” y que “esa humillación generó una acción en mí que desconocía, con el tiempo se agradece”.

Hoy, con obras repartidas en todo el país y avalado por prestigiosas instituciones internacionales, Alejandro se ríe de la “estupidez glamorosa” del circuito del arte.

Y jura que el reconocimiento “no te da ninguna seguridad. Son los otros los que te lo dan, una cuestión prestada que si la tomás como propia es una mochila difícil de cargar”.

 

-¿En qué se ve la estupidez del circuito?

- En eso de que hay que ser distinto para ser artista, que hay que decir cosas profundas todo el tiempo. El arte es un trabajo como cualquiera. Todos somos artistas, todos tenemos un paseo callado mientras vamos al trabajo. La estupidez del arte es no comprometerse en la vida cotidiana de la gente común.

 

Bicentenario

En el contexto del bicentenario, Marmo expondrá su obra en la cumbre de presidentes que se realizará en Madrid el próximo 14 de mayo. Días después, el 19, presentará sus trabajos en el  Novomatic Forum de Viena (Austria). A su vez, fue becado como artista residente del Museum Quartier de dicha ciudad para realizar una obra en la capital austríaca, que será inaugurada el año próximo.

Por otra parte, su proyecto “Evita, mujer del Bicentenario”, aprobado por el Gobierno nacional en marzo, lo llevará a emplazar una figura de Eva Perón en el Ministerio de Acción Social, sobre la avenida 9 de julio. 

Además, fue elegido por el gobierno porteño para llevar adelante su proyecto “Ajedrez del Bicentenario”. Con él, recorrió 28 escenarios distintos en villas de Capital Federal. “El resultado fue maravilloso porque los chicos rescataban una botella cada uno y proponía un juego para el bicentenario, que en general era hacer piezas de ajedrez”.

 

-¿Tiene que ver con recuperar la inocencia en un momento donde la infancia dura cada vez menos?

- Sí, hay que rescatar la inocencia. Creo que esos nenes viven un futuro ya vivido, odiado, la inocencia es la herramienta esencial para volver a creer. Y a ellos les falta creer.

 

 

En Pilar, por Pilar
Vecino de la localidad de Fátima, Alejandro Marmo sueña con realizar una obra en la rotonda del Parque Industrial de Pilar. “Me parecía que era un espacio que estaba gritando que lo recuperen”, explica, y agrega que “como vecino me interesa que el arte llegue a ese espacio que tiene que ver con la producción, acompañar para que la gente tenga un paseo distinto al paisaje fabril”.

Por otra parte, sueña con llevar a los colegios públicos del distrito la muestra de pinturas de su colección “Espíritu, Corazón y Sacrificio”, que tienen al fútbol como hilo conductor. Una experiencia que ya se desarrolló en escuelas de Tigre y que cuenta con el apoyo de la Organización de Estados Iberoamericanos.

 

 

“El obrero metalúrgico”, imponente trabajo emplazado sobre la Avenida 9 de Julio, en la ciudad de Buenos Aires.

 

 

“Caballo de Ajedrez”.

 

 

“Galaxia industrial”, en la entrada al Partido de San Martín.

 

 

“Defensa y ataque”, una de las pinturas de una serie sobre fútbol que Marmo ya llevó a varias escuelas. Quiere mostrarlas a los alumnos de Pilar. 

  

 

Fotos: gentileza de Ariel García.

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