La muerte del Indio Solari

Un tesoro enterrado en el fin del mundo

5 de junio de 2026 - 17:36

Por Sergio Abrate

Noches de verano sintonizando “El loco de la colina” y esperando el momento para que sonara esa canción distinta. Una mezcla de cagazo y emoción pegado a la pared (por si las moscas) en el fondo de Cemento. Las noches de descubrimiento, insomnio e inquietud, preso en mi ciudad y tu música de fondo.

Cada letra, cada canción, cada sensibilidad, la mugre deviene en arte. Dejarte, encontrarte, redescubrirte. El cassette grabado que acompaña la sobremesa con los amigos. La “ropa sucia” lavada en unas vacaciones de locos en Villa Gesell.

La masividad, el desborde. Bulacio. El enojo. La distancia. Descubrir otros caminos musicales y darte cuenta que cuando suenan Los Redondos la sangre se te agita. Todo eso sos Indio Solari.

Lo más lindo que leí por estas horas fue en X, donde el usuario El Zeide / @acaestatodomal plasmó con precisión: “A mí lo que sinceramente me parece fascinante es que sea un fenómeno tan imposible de ser globalizado, traducido a otras latitudes. Es nuestro. A nadie más le importa. Todo nuestro. Un tesoro enterrado en el fin del mundo”.

La música y las letras de Los Redondos siempre estuvieron ahí. Nadie nos dijo donde había que ir a buscarlas. Cada uno hizo su recorrido sin guía. Y ese camino de descubrimiento también representó una aventura.

Es imposible dimensionar la importancia histórica de un tipo que se comió nuestro dolor. Qué suerte tuvimos los que lo tuvimos cerquita, pegado en la carpeta del colegio, en la pared de la pieza o en la piel.

Sobre el final, no se me ocurre uno mejor que irte con prestigio, conducta y el amor de miles de personas.

Una vez me preguntaron cuál era la frase que más me gusta de Solari. Nunca tuve dudas: “a brillar mi amor”. Hoy es más necesario que nunca.

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