Argentina, es el país del continente americano más relevante en producción de té. La plataforma internacional Ranking Royals anunció que Argentina es el mayor productor de hojas de té en América.
Argentina, es el país del continente americano más relevante en producción de té. La plataforma internacional Ranking Royals anunció que Argentina es el mayor productor de hojas de té en América.
Lo curioso es que nuestro país es uno de los siete del continente que aparecen en el listado internacional, integrado por 40 naciones, y el único que logró clasificar en el Top 10 (puesto nueve).
Sin embargo, al comparar la producción de hojas de té de Argentina con las cantidades obtenidas en los países posicionados en lo más alto del ranking mundial, la diferencia es abrumadora.
Según Ranking Royals, Argentina produce 339.288 toneladas de hoja de té al año y, en simples palabras, es el único país del continente que puede presentar competencia a las naciones líderes del mercado. Además, concentra 18.000 empleos directos y 24.000 indirectos de la economía regional.
Para tomar dimensión de lo mencionado, mientras que Argentina es el noveno mayor productor del mundo, el segundo país de América que lo sigue en el listado es Perú (puesto 32 en el ranking mundial) con una producción anual de 1.707 toneladas.
Y, como era de esperar, la distancia se incrementa aún más en relación a las otras cinco naciones que figuran en el Top 40 mundial de la producción de hojas de té:
También hay una brecha muy importante entre nuestro país y las ocho naciones que lo superan. Estas son:
La historia del té argentino es bastante reciente. El origen de sus plantaciones está ligado a una familia ucraniana. En el año 1923, el sacerdote Tijón Hnatiuk llegó al pueblo de Tres Capones en la provincia de Misiones para visitar a su hermano Wladimiro, y le llevó de regalo semillas de Camellia Sinensis provenientes de la Unión Soviética. Dichas semillas fueron plantadas en sus terrenos y en un par de años logró obtener una pequeña cosecha.
Y entonces, ¿cómo se convirtió Argentina en un gran productor de té? En el año 1939 se comenzó a experimentar con plantaciones de té en la zona de Campo Viera (Misiones), luego en el año 1942 se inició su procesamiento empleando una forma de cosecha manual. Dicha práctica perduraría hasta finales de la década de 1960.
En 1950, el gobierno decidió restringir las importaciones de té, lo cual alentó a muchos agricultores del país a cultivarlo localmente con fines comerciales. Ocho años después, se realizaría la primera exportación de té argentino a Londres, dando inicio así a una actividad económica de alcance global que crecería a pasos agigantados con el correr de los años.
Lo que comenzó como un cultivo familiar, se extendería con el correr de los años por todo Misiones y el norte de Corrientes.
Ambas provincias son en la actualidad las zonas productoras del país. Según datos oficiales, la superficie implantada de té llega a 40.000 hectáreas cultivadas, el 93% se encuentra en la provincia de Misiones y el resto, en Corrientes.
Si bien los productores han incursionado en la elaboración de distintas variedades de té, las categorías más relevantes en materia de exportación son el té verde y el té negro.
Es importante decir que se trata de hebras cultivadas a baja altitud, ligeramente neutras y sencillas en expresión aromática y gustativa. Típicamente, se procesan a través del método ortodoxo, aunque casi siempre hay presencia de procesos industrializados, como máquinas CTC (cortar, triturar y enrular, por sus siglas en inglés) o moledoras de hojas rotatorias LTP. Toda la cosecha se realiza con grandes tractores, que cortan abundantes porciones de hojas y brotes mecánicamente.
Los rasgos distintivos del té argentino en materia comercial son la intensidad de su color y el hecho de que permanece traslúcido en la infusión fría, razón por la cual es preferido para la elaboración de bebidas de tipo iced teas.
Mientras que en el país, el 90% de lo que se produce se exporta, en el mundo, el té es la segunda bebida que más se consume, luego del agua. Ante este escenario los diferentes eslabones del proceso productivo apuntan a promover el consumo interno.
