El rey Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno, murió el 13 de junio del 323 a. c, en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia, un mes antes de cumplir los 33 años. Según la leyenda, encontrándose al borde de la muerte, convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:
¿La riqueza soluciona todo? La respuesta es…
POR EL PADRE SAYU.
1) Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.
2) Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba.
3) Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones.
Alejandro le explicó:
1) Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2) Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
3) Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
Muchos sabrán qué sucede después de la muerte: pasando tres días, empiezan a caerse las uñas, a los cuatro días, los cabellos; a los cinco días, el cerebro se deshace completamente; a los seis días, las viseras y los genitales empiezan a largar olores insoportables… Finalmente al pasar 60 días se reduce en huesos. Entonces ¿por qué, toda envidia, todo egoísmo, todo lo acumulado?
Necesitamos recursos materiales para vivir pero también hay que pensar en un más allá.
El Salmo 49 advierte sobre toda clase de codicia, pues, traería más problemas que felicidad.
“…la vida me han prestado y tengo que devolverla, cuando el creador me llame para la entrega. Que mis huesos, piel y sal abonen mi suelo natal” -(Entre a mi pago sin golpear).
La Biblia dice:- Pues, ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? (Mateo 16:26).
Esta pregunta es lo que cambió radicalmente el modo de pensar y actuar de un joven profesor universitario erudito: Francisco Javier. Abandonó la profesión y se hizo sacerdote misionero jesuita. Él supo elegir y nos invita a hacerlo.
Pueden escuchar los micros del padre Sayu, “Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo: sajusvd@gmail.com