Tribuna del lector: A 33 años de la muerte de Balbín
*Santiago E. Rodríguez Alí
Don Ricardo no fue Presidente, pero mereció serlo. Sin duda su legado aún repercute en la política argentina, en tanto fue un protagonista permanente de nuestra historia por más de medio siglo. Inquebrantable defensor de la república y de la democracia, pregonó siempre la honradez y la ética.
Ejemplo de apertura al diálogo en pos del bienestar general supo mostrarse abrazando a Perón, su eterno rival en el ámbito político, así como también pronunciar la memorable frase “Este viejo adversario despide un amigo” con su voz ronca y quebrada por un sincero dolor, en el funeral del presidente Perón.
Balbín, hábilmente encausaba sus viejas luchas, claras y sinceras, hacia la unión de todos los argentinos. Saldaba así los viejos enfrentamientos, que eran reemplazados por la voluntad conciliadora y pacifista que en la frase precedente se reflejan. Balbín sabía profundamente que así ganaba la Argentina, que así ganábamos los argentinos. Fue como un faro que iluminaba hacia la plena armonía, la convivencia pacífica y la solidaridad fraternal entre los argentinos. Entendía perfectamente bien que “cuando los políticos se amigan en el escenario nacional, ese gesto político repercute en el pueblo, el cual generosamente extiende la mano, para iniciar un nuevo camino de tolerancia y paz” como él mismo mencionaba. No es casualidad que Perón le haya propuesto acompañarlo como compañero de fórmula en una lista de unidad nacional. Perón quiso ser sucedido por Balbín cuando ya estaba cercano a su muerte.
Fue el organizador por antonomasia de la famosa “Hora del Pueblo”, un espacio para que los partidos políticos argentinos, dialogando y acordando políticas y estrategias comunes, fortalecieran el sistema democrático en la Argentina. Balbín impulsó junto a otros partidos políticos, entre los que se contaban el peronismo, el socialismo y el conservadurismo popular, un retorno inmediato a la legalidad y el final de la autodenominada revolución argentina.
En sus últimos meses de vida, durante la última dictadura militar, impulsó la creación de la “Convocatoria Multipartidaria” coordinando la acción de los partidos mayoritarios y encausándolos a la democratización definitiva de la patria.
Lamentablemente falleció en 1981, antes del retorno a la democracia de la mano de Raúl Alfonsín. No pudo ver consumada su obra, como tantos otros grandes de la historia; pero su legado sirvió de guía y sin duda mucho le adeudamos cuando hoy podemos gozar de la democracia como forma de gobierno, pero también como forma de vida. Su funeral fue multitudinario, aún viviendo bajo dictadura militar y estando los actos partidarios prohibidos. Su lucha continúa, su legado perdura.
*Presidente electo de la Juventud Radical de Pilar.