Cartas de lectores
Agradecimiento al hospital
Sr. Director:
Gracias por hacerse eco de este agradecimiento de la familia Wigger Dávalos, por su padre Jorge Alfredo Wigger.
Fue internado en urgencia gravísima en terapia intensiva del Hospital Sanguinetti de Pilar. Después de ingresar en guardia por accidente a causa de alta presión arterial que llegó a tiempo.
En la crisis, es tanta la desestabilidad que se siente que la contención del personal no tiene igual. La vida se detiene, se paraliza la capacidad de pensar claro. Por eso, cada instante de médicos, enfermeras, personal humano del hospital y luego atención en terapia, nos regresó a la vida al querido jefe de familia.
El cuidado, la comida, la higiene, el trato eficaz de estudios necesarios, los documentos al respecto, con la seriedad de cada caso, significaron comprobar una excelencia que, con todo respeto, no se tiene en cuenta hasta sufrir un accidente tal.
Sin mediar más que teléfono, sin un peso, el sistema funciona y se comprueba que funciona.
Infinito agradecimiento por la vida, por el regreso a ella, porque Dios y la Virgen eran una realidad, más humanos dando su trabajo en las manos del personal y el hospital de Pilar en sí, a las autoridades y a los que son responsables finales.
De noche, de día, este “bien público” que es el hospital Sanguinetti nos dio seguridad y contención en medio del miedo.
Deberemos ser concientes de eso. Estamos orgullosos de ese cuidado de la vida de cualquiera que es ciudadano sin ninguna distinción.
Familia de Jorge Wigger: Julia Elena Dávalos, su esposo e hijos. Fátima, Pilar.
Lomos de burro
Sr. Director:
Aunque algunos crean que los reductores de velocidad (lomos de burro) resultan imprescindibles para limitar la velocidad de los automovilistas en las calles de Pilar, no quedan dudas que la excesiva altura y poco declive de algunos representan un verdadero peligro para elásticos y trenes delanteros. Y no es necesario pisar mucho el acelerador para que los vehículos se deterioren teniendo que trepar dos cordilleras por cuadra.
Algunos sostienen que los lomos existentes desafían cualquier norma sobre urbanización y tránsito, pero esta ilegalidad se hace aún mayor cuando algún vecino, aún más papista que el papa, suma por propia iniciativa otro altísimo reductor de velocidad justo frente a su vivienda, como sucede en la calle Río de Janeiro al 1200 del barrio Carlos Pellegrini, obligando a repentinas frenadas o caídas hacia el abismo.
Ya que el Municipio impone su voluntad y suma lomo tras lomo, que al menos impida que cualquiera pueda hacer lo que se le ocurra sobre esa materia.
Manuel Vázquez
manolo7553@hotmail.com