Bicicletero, poeta y “Loco”

Desde hace 54 años, Oscar Fava está al frente de su bicicletería. Pero además registra cada momento de su vida en verso y prosa. Su madre, los amigos, los pájaros, parte de su temática.
sábado, 11 de mayo de 2013 · 00:00

por Matías Saavedra

m.saavedra@pilaradiario.com

 

Sus recitados son fragmentos de vida. Son sus ojos y sus gestos que hablan de aquel momento de creación en que se sentó, con pluma en mano, y transmitió su pasión a la hoja. A los 70 años, el bicicletero Oscar Fava (“el Loco” para los amigos), recuerda toda su vida en escritos que ha confeccionado durante cincuenta años, cuando apenas superaba los veinte, justo antes de comenzar a trabajar en su local de la calle Irigoyen y Lubo del centro de Pilar.

Su madre, los amigos que están y los que se fueron, los pájaros, Dios, el día que se jubiló. Todo está registrado en más de 300 escritos que surgieron de aquel momento de inspiración.

“Los apasionados somos así. No escribimos por escribir, escribimos porque tenemos la pasión adentro”, cuenta frontal, con una postura que ha acompañado cada momento de su vida.

“Me decían en la Fuerza Aérea ‘el poeta camillero’. Yo no soy poeta, soy un apasionado que escribe”, aclara, sobre aquella experiencia sirviendo al país, cuando cuidaba soldados enfermos y aprovechaba para ponerle rima a hechos de su vida.

Sin descuidar el trabajo que realiza con las bicicletas desde hace 54 años, es en ocasiones que pone pausa a su tarea material para volcarse a la espiritual, a partir de lo que más disfruta hacer: “A cualquier hora escribo y en cualquier lugar. No tengo previsión ni antojo. Trato de dar vuelta la página, voy para adentro y me pongo a escribir. Escribo y me levanto y sigo trabajando”, cuenta a El Diario.

 

Hecho de escritos

Y si será cierto que a lo que hace le pone incomparable pasión, que mientras recita un poema que escribió cuando falleció su madre, una lágrima recorre su mejilla, sin ocultar la nostalgia que embiste cada uno de sus productos culturales. Así, afirma convencido que continuará fabricándolos con la maquinaria de sus manos y el impulso de sus sentidos, “hasta que Dios diga ‘basta’. Pero me parece que me va a aguantar un rato más Dios. Sabe que no soy un tipo materialista”, relata con un cuaderno en mano, manchado por la tinta de su pluma y adornado con grasa de las bicicletas: “No tengo ningún interés en que sea material, eso es espiritual, como quien reza todos los días un Padre Nuestro”, insiste, lejos de querer transformar sus hojas en un libro al servicio del mercado.

 

La frase 

“Lo escribo como toda persona, porque tendré memoria pero no soy perfecto, ni soy un bocho, soy una persona que trata de ser normal, que cuesta mucho”. 

 

Como yo me veo* (2001) 

Soñador de horas largas

Loco, poeta sin rimas

Caminante sin esquina

Donde encontrar su parada

Soñador de lo profundo

Donde aliviar mi alma

 

Fui hasta músico

Pero sin instrumento

Y fue el gesto de mi cara

Narrador de mil aventuras

Payasesco de sombras raras

Si yo te encontré en silencio,

En un rincón de mi casa

Y te fuiste criando conmigo

Y observando cada detalle

Y fue así que la calle

De todo aquel que pasaba

Te saludaba contento

“chau chau, mi viejo loco Fava”

 

Y vos respondías sonriente

Con alguna ocurrencia

Y sin perder la paciencia

Con un suave gritito

Lo saludabas complaciente

“Chau chau, ¿cómo te va, tito?

 

Y hoy te vas apagando

Como rama que no da llama

Si la ceniza de tu pelo

Te fue marcando la cara

Y hasta hace un instante

En que llegaras vos Matías

Yo aquí estaba solo

Pero solo con mi alma.

 

*Recitado para El Diario.

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