Hombres y Mujeres del 2013: Hoy me ven volver
por Celeste Lafourcade
c.lafourcade@pilaradiario.com
Con varios sellos más en su pasaporte y cierto tinte extranjero en la tonada, Néstor Azorín cierra un año al que pedirle más, sería un atrevimiento. Durante más de 10 meses giró por siete países, remotos muchos de ellos, con sus clases de tango y su impronta argentina.
Singapur, Indonesia, Rusia, Francia, Bélgica, Holanda y Alemania estuvieron en su itinerario. Quizás para matizar tanta lejanía, el bailarín se planta como embajador de la cultura argentina y a sus clases le suma nociones de nuestra idiosincrasia, mientras sueña con introducir el folklore en los escenarios del mundo.
-¿Qué es lo que tiene el tango que enamora tanto en el exterior?
- Creo que el acercamiento entre el hombre y la mujer. Esa cosa del abrazo. En Rusia cuando fui la primera vez les resultaba muy chocante que los besara, los abrazara.
-¿Cómo rompés esa barrera corporal?
- Siempre, además de las clases, trato de transmitir nuestra cultura. Trato de que entiendan cómo es, explicar cómo somos nosotros, si quieren aprender tango tienen que saberlo.
-¿Musicalmente cuál fue el aporte para que guste aun sin que se entienda la letra?
- La letra no la entienden, ni siquiera los españoles porque tiene mucho lunfardo. Pero la música es muy interesante. Ese conjunto de musicalidad de bandoneones, violines, la riqueza musical que tiene el tango, eso les pega bastante.
-¿Está lejos de llegar a su techo el tango en el exterior?
- Sí, en los últimos años ha crecido mucho en países asiáticos como Indonesia o Singapur y se están acercando más al verdadero tango. Hace años atrás era mucho tango nuevo, ahora el abrazo es más cerrado, más elegante, no tanto zamarreo.
Cabeza fría
Tomando distancia del estereotipo del tanguero engominado, Azorín rechaza el 2x4 como forma de vida. Llegó al género más por talento que por pasión y asegura que su vida está afuera de un círculo por momentos elitistas que propone el ambiente.
-¿Cómo empieza tu gusto por el tango
- A los 4 años empecé con el folclore. Estaba en el ballet El Fortín de Del Viso y ahí empezamos a hacer un poco de tango. Tenía alrededor de 17 años. En los torneos me fue bien, después me empecé a interesar más y le encontré una vuelta muy interesante con la improvisación. El mundial me sirvió mucho (participó hasta el 2010 y fue finalista). Y después se me abrieron las puertas para trabajar afuera.
-¿Hubo influencias en tu familia?
- Mi viejo escucha bastante pero yo no tengo en la memoria escuchar tango. Lo encontré o me encontró y ahí me fui metiendo.
-¿Te gusta escucharlo, ir a conciertos?
- A veces sí, pero no tanto. No estoy escuchando tango todo el día. Me gusta tener mi vida al margen porque el tango es otro mundo y te consume mucho.
-¿Por dónde sigue tu carrera?
- Lo ideal sería tener un producto bien firme y reconocido, por eso la idea es proyectarlo con una pareja de baile. Al bailar con distintas chicas nunca estás al 100%. Tengo ganas de llevar también el folclore para mostrarlo afuera. Mi idea es hacer base en el exterior y cuando vuelvo hacer actividades acá.
-¿Es difícil dar con una pareja de baile?
- Uf, sí. Es más difícil o igual que un matrimonio. Uno tiene que llevarse bien dentro y fuera del escenario. Convivís con esa persona, más cuando viajás.
-¿Por qué al argentino en general el tango no le termina de pegar?
- Porque a partir de las bases, municipios, gobiernos tienen que dar un poco más de publicidad. Darlo en los colegios… afuera hay más tango que en la Argentina. Falta apoyo.
-¿Tiene que ver con cierta resistencia del mundo tanguero a volverse popular?
- Sí, el tango es medio de elite. Cualquiera puede ir a bailar pero si observás bien es para gente más elitista. Es para un grupo reservado. Hay mucha necesidad de mostrarse. Yo tengo amigos en el mundo del tango pero son contados.
-¿Cómo ves el presente del tango en la Argentina?
- Ahora mucho mejor. Hace unos años el tango electrónico había pegado bastante. Pero ahora hay bastantes lugares, más movidas, hay milongas, cada vez hay más competencias, talleres. Va creciendo pero falta un poco más.
Mi Pilar querido
Cada regreso a la Argentina, lo encuentra en Pilar, en la casa paterna de la calle 11 de Septiembre. Desde allí, observa ese pueblo maquillado de ciudad en el que sueña dejar su huella.
-¿Cómo es tu vida en el exterior?
- Muy tranquila. A mi me gusta la vida afuera. Es difícil, este año mi casa eran las valijas, llegar a un lugar, distintos idiomas es complicado, pero siento que es para mí.
-¿Es necesario pisar el exterior para que te reconozcan acá?
- Sí, desde Gardel o Piazzolla que pasa. Yo sabía que en algún momento me tenía que ir. Y también a nivel de crecimiento personal, si quería cambiar la cabeza.
-¿Cómo ves a Pilar, qué te gustaría que pasara a nivel cultura?
- Cada vez que vuelvo lo veo cambiado. Y también se sigue manteniendo esa cosa de pueblo, por eso me encanta volver. A nivel cultural también ha crecido bastante pero creo que todavía hay más cosas que hacer. Tengo un proyecto desde hace dos años de hacer un festival de tango y folklore en la zona.