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Carta de lector

18 de diciembre de 2013 - 00:00

Un recorrido diferente por el museo

 

Sr. Director:

El entorno del museo, un lugar de ensueño, la casa que alberga el patrimonio pictórico argentino y latinoamericano parece salida de los cuentos de hadas. En medio del bosque, el Museo Sivorí está ubicado frente al Rosedal de Palermo.

No fue una visita de placer o estudios, sino para conocer un poco más sobre el mundo de los ciegos. Allí se da un taller de escultura para no videntes. Vendría bien para la visita de personas con diferentes capacidades de Del Viso, que esperábamos en el Museo de Pilar, donde trabajaba entonces.

La accesibilidad es uno de los principales problemas de los museos, no todos están preparados para ello, aunque la accesibilidad no solo radica en colocar rampas para discapacitados, sino en las puertas de ingreso, salida y entre salas. Cuando el edificio no fue construido para museo, sino que anteriormente fue una casa de uso familiar, es allí donde encontramos este obstáculo.

El tema más preocupante fue que entre los visitantes vendrían disminuidos visuales. Otra problemática de los museos es que no cuentan con exposiciones preparadas para este tipo de público.

Si bien era poco el tiempo que quedaba para dar a conocer el patrimonio histórico de Pilar, teniendo en cuenta a este grupo humano, me acerqué hasta el Museo Sívori para ver de qué manera todos se sintieran incluidos. La visita guiada la daría Stella, como era habitual.

Muy fructífera me resultó esta visita, tanto en lo profesional como en lo personal. Atravesar esta valla de tabúes y prejuicios respecto al mundo de los ciegos, encontrarme con un grupo que charlaba amenamente, haciéndome sentir parte mientras realizaban algunas esculturas.

Terminado el taller continué un rato más en el museo, charlando con la coordinadora. Supe cómo es la lectura que ellos hacen a través de la escultura, tienen otra forma de ver las cosas, por el tacto, diferente a nosotros los videntes, sentido que también usamos en algunos museos pero desde otra perspectiva.

Siguiendo el camino de las averiguaciones, me dirigí a un lugar donde podían realizar los nomencladores en braille, aunque ya no había tiempo para ello. Para mi sorpresa, bajo el puente me encontré a tres de las personas del taller, esperando el colectivo ¿Cómo habrán llegado? Me pregunté.

Continuamos la charla un poco más personal, uno de ellos había sido piloto de avión, pero el cigarrillo y la diabetes lo llevaron a esta situación, estaba realizando un programa por computadora para ciegos para llevar a cabo desde las bibliotecas. También había una señora robusta a la que le gustaba mucho la poesía, y el tercero, un vidente, con otras discapacidades.

Al llegar el colectivo, me pidieron que los ayude, la torpeza de sus movimientos al subir, me hizo dar cuenta de la realidad, no veían, eran ciegos. ¿Se habrán dado cuenta ellos la fuerza que tuve que hacer para ayudarlos, por mi contextura pequeña y la falta de experiencia?

La cuestión que una vez arriba, me dijeron “no saque el boleto, el acompañante no paga”, lo que repitieron varias veces, sin embargo hice caso omiso a la sugerencia y saqué el boleto.

Para ellos era como una forma de agradecer mi atención y para mí era como decirle “no es nada” “de nada” “faltaba más”; y pensar que más de una vez dije ¡Qué suerte! al zafar de sacar boleto, por estar rota la máquina expendedora atascada de monedas.

La visita del grupo de colegios especiales al museo de Pilar resultó todo un éxito, a último momento, mejor dicho cuando ya ingresaban, la persona a cargo de la guiada no quiso hacerla, quizás por eso mismo que me pasó a mí “una valla de tabúes y prejuicios”, pero pese a mi disfonía y gracias al vasito de agua tibia que me alcanzaba Graciela, diría casi mi mano derecha en estos asuntos, la chica encargada del mantenimiento del museo, pude concretarla felizmente.

Según las coordinadoras del grupo, a las que les preguntaba si había algo que remarcar, me decían que era todo muy entendible para ellos, se los veía contentos, recorrido que culminó con un refresco en el jardín del museo.

 

Mónica Alicia Bustamante, ex directora del Museo Histórico “Alcalde Lorenzo López” del Pilar.

 

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