Martín Vicente Trovatelli, un siglo de recuerdos sobre Fátima
Es el dueño de una de las memorias más acaudaladas del distrito. Llegó al mundo el 12 de noviembre de 1913 y hoy, un siglo después, sigue regalando anécdotas coloridas de su Fátima natal.
Rodeado de su familia, Martín Vicente Trovatelli le dio la bienvenida a sus 100 años. “Estoy contento por mi cumpleaños, muy bien”, afirmó en una charla con El Diario en su casa de Villa Morra, donde vive desde hace casi 40 años, acompañado desde hace tres por su hija Nélida.
Cuando Fátima aun no había abandonado su nombre original, Empalme Lacroze, Martín nacía en la vieja estancia La Montonera, donde hoy funciona el Cenáculo. Allí pasó los primeros años de su vida, ayudando desde temprano en las tareas rurales. Apenas era un niño cuando aprendió los oficios que le permitieron ganarse la vida.
Años más tarde, la familia se mudó a un “ranchito” como él mismo lo define, lindero a la Escuela 9 de Fátima, desde donde Martín Vicente, a pie o a caballo, atravesaba los kilómetros que lo separaban del colegio de Manzanares.
Recuerdos
“La localidad se llamaba Empalme (se llamó así hasta 1959) porque ahí empalmaban las vías del ferrocarril Urquiza, ahí daba vuelta la máquina”, aporta el hombre, que todavía recuerda los primeros comercios que había en la zona de los que ya no quedan más rastros de los edificios donde funcionaron.
Entre los recuerdos de su juventud, aparecen “el negocio de Juan Félix Martínez, un almacén de ramos generales”, que con el tiempo incorporó el único teléfono de la localidad y una oficina de correo. El almacén funciona en el local donde el destino quiso que, varias décadas más tarde, su hijo Martín abriera su parrilla “Rincón de Amigos”.
Años más tarde, el pueblo sumó el almacén de don Pedro Lavallén, cuyo hijo Roberto es uno de los pocos vecinos de Fátima con los que sigue en contacto Martín Vicente. La carnicería de Don Dentone, el único carnicero por entonces, también se cuelan entre sus recuerdos.
Testigo del crecimiento de una localidad que, pese a conservar todavía sus rasgos rurales, poco guarda del paisaje de su juventud, Martín Vicente lejos de la nostalgia asegura que hoy a Fátima la encuentra “más linda, me gusta más, está mucho mejor, tiene casas nuevas, antes eran todos ranchos”.
Familia
Con 32 años, en abril de 1945 se casó con Elda Ester López (fallecida hace tres años), oriunda de Capilla y 12 años menor de que él, quien fue su compañera por más de seis décadas.
El matrimonio tuvo dos hijos, Nélida y Martín, nacidos ambos en la estancia La Loma, propiedad del médico Alonso Reyes, donde Martín Vicente trabajó por 40 años.
“No tenía un peso cuando nos casamos, era peón de la estancia, después me ascendieron a encargado”, explicó el hombre que por entonces se ocupaba entre otras cuestiones de manejar la hacienda y ordeñar a mano.
“La primaria la hicimos en la escuela 17 de Fátima, la secundaria mi hermano la hizo en una escuela de curas que funcionaba en la Iglesia de Fátima y yo en el Almafuerte, mi papá me llevaba en sulky hasta la ruta a tomar el colectivo”, aportó su hija.
Con los años llegaron los tres nietos, Analía y Andrea por parte de Nélida y Juan Pablo Martín por el lado de Martín, y más tarde los cinco bisnietos: Florencia, Julián, Agustín, Bruno y su tocayo, Martín Vicente.
“Somos una familia chica pero muy unida, los bisnietos me ayudan a pararme, a sentarme, me cuidan mucho”, reveló el fatimense que entre sus mayores orgullos se encuentra el que su único nieto varón, Juan Pablo, y quien lleva su apellido haya sido electo concejal en 2011.
La frase
“Somos una familia chica pero muy unida, los bisnietos me ayudan a pararme, a sentarme, me cuidan mucho”.
El testimonio de su hija
El orgullo de tener un padre centenario
Aunque conserva intacta su lucidez, las dificultades en la movilidad lo llevaron a salir de su casa cada vez con menor frecuencia. “No salgo mucho pero me vienen a visitar a casa, somos de juntarnos para los cumpleaños, de vernos mucho”, destacó Martín Vicente.
Sus horas transcurren entre las charlas con su hija y la televisión. Lo atrapan el programa del canal local conducido por Telmo Fabián Pérez especializado en folclore y el canal Argentinísima.
“Conversamos mucho, tiene una memoria envidiable, recuerda mucho más que mucha gente más joven, incluso se acuerda de cosas que yo no”, apuntó Nélida que con lágrimas en los ojos concluyó: “la persona que hoy es el reflejo de lo que él siempre me ha enseñado que tengo que ser: buena persona, buena hija y buena amiga. Yo sin mi papá no podría haber llegado a cumplir mi sueño de ser maestra porque pese a las inclemencias del tiempo nunca puso cara fea por tener que acercarme a tomar el colectivo”.